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Hernán Araujo Ariza
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Respuesta al caso Molano
11/06/2008
Hace poco más de un mes empezó a ventilarse en los medios una disputa judicial en la que participo como denunciante -en compañía de tres personas más- en contra del columnista de El Espectador, Alfredo Molano, por los delitos de injuria y calumnia. Es extraño pero entendible, que una simple reclamación de derechos ante un juez haya tenido tanto despliegue mediático. Sentirse aludido, injuriado y calumniado por la columna titulada ‘Araujos et al’ fue lo que motivó la denuncia y causó una andanada de al menos 10 columnistas de varios diarios cuestionando nuestra actuación.
Lo que origina mi columna, que había sido esquiva con este tema en ocasiones anteriores, es la apreciación que hace Daniel Coronell en la última revista Semana y el apunte de Claudia López en El Tiempo de hace algunos días, donde hablan de lo inmoral de la demanda, por la situación que viven algunos de los miembros de la familia relacionados con el tema de la ‘parapolítica’. Y me gustaría aclarar que no pretendemos con la demanda probar la inocencia de ninguno de los investigados. Pues para eso están los abogados que llevan los procesos de cada uno.
Lo que estamos es buscando castigo para quien nos ha ‘condenado’ por narcotráfico y usurpación de tierras –entre otros- sin haber cometido ningún delito superior al de llevar el mismo apellido de tres personas acusadas, pero no vencidas en juicio. Por esta razón denunciamos, así como denunciaremos cuantas veces sea necesario hacer valer nuestros derechos, que no por tener familiares cuestionados podrán ser pisoteados impunemente. Ahora, ¿de cuándo a acá, acudir ante un juez para dirimir un conflicto es ilegítimo?
Pero por más cuestionamientos y por más que lluevan insultos y desaprobaciones, no permitiremos que Molano ni ningún otro periodista, desvirtúe el concepto de libertad de expresión para pisotear la honra y buen nombre a que todos tenemos derecho por igual. Al menos eso dice la constitución en su artículo veintiuno. Faltaría revisar si dentro del código que rige a los periodistas de este país hay facultad para criminalizar a todo el que comparta apellido con los investigados –y no condenados- por ‘parapolítica’; porque la ley que nos rige a los demás no lo permite. ¿Dónde quedó le presunción de inocencia? O es que tampoco aplica esto para los reputados columnistas.
Sin embargo –y a pesar de lo grave de las acusaciones del señor Molano- cuando leímos con desagrado la columna, tomamos la determinación de acudir ante las instancias judiciales pertinentes para que se decida sobre el caso, como se supone que debe ocurrir entre dos partes civilizadas. Nunca se nos pasó por la mente siquiera acudir a las vías de hecho, por más indignación que produjo en su momento la columna. Eso sí hubiera sido digno del repudio y el rechazo colectivo.
Dejo en claro que no discutimos el hecho de que un periodista tan reconocido como Alfredo Molano reciba los mensajes de solidaridad y apoyo que ha recibido, pues es apenas entendible. Pero sería bueno que los solidarios con él, respetaran la determinación del juez, que en su sabiduría decidirá. Porque afortunadamente ni la solidaridad ni las barras se tienen en cuenta para impartir justicia.
Sin embargo, sabemos que ‘pelear’ con este tipo de figuras a nivel nacional, es una pelea complicada, aun cuando uno tiene la razón. Pues en caso de ser favorecido (Molano) dirán que hubo justicia, y en caso de ser perjudicado con el fallo, no faltará quien salga a decir –irresponsablemente- que el juez fue comprado o intimidado. Como dicen: “con cara gano y con sello no pierdo”.
MI ÚLTIMA PALABRA: Ahora resulta que el presidente de una república que se considera democrática como la colombiana, se reservó la información según la cual Yidis estuvo envuelta en varios delitos. Y no solo no los denunció en su momento -como es deber y obligación de todo funcionario público- sino que los usa calculadamente para responder en su proceso ante la Comisión de Acusaciones (¿o absoluciones?). Quedan dudas del por qué no fueron denunciados en ese entonces. ¿Será estratégico y bien pensado encubrimiento? O ¿un cómplice silencio necesario para lograr la aprobación de la reelección? En fin, todos los caminos conducen a Roma. O ¿al cohecho?
pipearaujoariza@hotmail.com
Hernán Araujo Ariza