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Aníbal Martínez Zuleta
Aníbal Martínez Zuleta
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LA FIERA APENAS ESTÁ HERIDA
07/06/2008

La FARC está herida, está maltrecha, pero está viva. Y sigue siendo, y tal vez más, igual de peligrosa, por el intenso dolor que está padeciendo por la muerte de su líder, de su símbolo, de su carismático guerrero y jefe por cerca de medio siglo.

Porque, no nos echemos mentiras: Marulanda, o Tiro Fijo o Pedro Antonio Marín, era su ser legendario. Casi 50 años combatiendo en la selva, y contra la selva y sus múltiples enfermedades y calamidades, es de por si un acto sobrehumano. Se inició a raíz de la pérdida de sus gallinas y sus puercos, y por la muerte de Gaitán después del 9 de abril del 48, por allá en Marquetalia, que Laureano bautizó como una de las repúblicas independientes.

Y salio supérstite de muchos embates y combates que le hicieron varios presidentes: Mariano, Laureano y Urdaneta, los tres que siguieron el lema del cojo José Antonio Montalvo de “sangre y fuego”; sobrevivió al régimen militar-dictatorial del general Gustavo Rojas Pinilla; superó el gobierno transitorio de los generales Paris, Ordóñez, Fonseca y el contralmirante Piedrahita; se “chupó” el periodo del carismático Lleras Camargo, el del repentista cazador y caballeresco Guillermo León Valencia; el cuatrenio del severo estadista Carlos Lleras Restrepo; nada pudo contra él el primer Pastrana, Misael, el del supuesto chocorazo contra Rojas que dio origen al M-19 y el creador del sistema UPAC, con lo que confirmó que las peores cosas se hacen con las mejores intenciones, como dice Wilde; sobrevivió al del innovador jefe del MRL (donde el mismo Marulanda militó), Alfonso López Michelsen; supero el gobierno de Julio Cesar Turbay Ayala, el del severo estatuto de seguridad; pactó y jugo con Belisario Betancourt, quien, a espaldas del ejército, se reunió con la FARC en México y en Madrid y por lo mismo le dieron la espalda cuando el holocausto del palacio de justicia; le dejó la silla vacía al otro Pastrana, Andrés, que no fue ni carne de res el del largo e inútil despeje del Caguán y el presidente Ernesto Samper no le hizo ni cosquillas, pues lo tenían acosado con el elefante. Nada pudo hacer César Gaviria, el de la reforma Constitucional del 91, los bombardeos en la Uribe, pero se salvó y después se la cobró.

La leyenda terminó con Uribe. Por efecto de las bombas, o por el susto de las bombas. Lo que al fin da lo mismo. Si resucita es el ave fénix.

Pero si bien tiene en su haber, el haber sobrevivido a veinte presidentes y al doble de generales y al triple de los coroneles, en su cuenta debito tiene alrededor de medio millón de cruces de gentes inocentes, especialmente gentes del campo, del puro pueblo, a donde llevó el pánico, la desolación, el dolor, la pobreza, la orfandad, la desesperación. Diezmó el campo y envileció sus industrias: la agricultura y la ganadería.

Fue, si, un combatiente de tiro fijo o certero y un estratega o baquiano de la selva, pero jamás un ideólogo. Se convirtió en un desalmado dirigente de quienes a sangre y fuego se dedican a vivir, a crecer por los más sucios de los negocios: la droga y el secuestro. Ignorante, estaba desactualizado totalmente: no sabía que Juan Pablo segundo y Reagan habían acabado con el comunismo hacía años. Y permitió que la FARC se convirtiera no en un movimiento o partido político, sino en un cartel de la droga.

Pero las FARC están vivas y no son 40 como cuando empezaron y llegaron a tener 60 frentes; son más de 8000 que están ardidos, unidos por el dolor y el deshonor, capaces de recurrir al atentado personal, al magnicidio, a los actos terroristas destructivos a los que están tan acostumbrados.

Por tanto es iluso pensar en que están derrotados o inermes. Pero especialmente se debe pensar y advertir que Cano es un hombre estructurado, de cultura universal, universitario, antropólogo, especializado en la Unión Soviética comunista, y a esa capacidad que no tenía Marín, le suma la experiencia de más de media vida metido en la selva, como el mejor alumno de Marulanda. El baquiano de la madre selva de que hablaba José Eustacio Rivera.

Guillermo León o Cano es tan hábil y polifacético que ha tenido la audacia de endilgarle al libertador Simón Bolívar el rótulo de comunista para viabilizar y disfrazar y rejuvenecer a la FARC.

¿Comunista Bolívar? ¿Por ser el libertador de seis repúblicas? Jamás son equivalentes lo uno con lo otro, ni a Bolívar ni a Santander, ni a San Martín, ni O`gini, ni a Martí, ni Petión, ni Líncon, ni a ningún libertador se les puede colocar ese INRI y menos a Bolívar, el autor de la constitución de Bolivia. Porque desde los Caro, José Eusebio y Miguel Antonio, y los Holguín y los Ospina y todos los conservadores que han sido y son y serán le dan a Bolívar la paternidad del partido conservador.

Y entonces qué explicación le darían ahora a la conspiración septembrina.

¿Y de las diferencias de Bolívar con Santander, con Azuero, con Plata, con Florentino y con don Ezequiel, qué explicación tendrían?

Por el contrario, ahora es cuando no se debe cesar en la lucha, sino intensificarla, desde luego, dejando siempre abierta la puerta del diálogo pero sin despeje ni de Praderas ni Floridas.

Como dijimos al principio, la FARC está herida y maltratada, pero está viva. Y más peligrosa que nunca.

Aníbal Martínez Zuleta

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