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Julio Oñate Martínez
Julio Oñate Martínez
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Recientemente la flamante Clínica Santa Isabel, ‘Doña Chave’, para algunos, inauguró un sofisticado pabellón VIP para la recuperación de pacientes especiales por su edad, categoría y abultada chequera.

El pabellón está en el último piso y conectado desde la plata baja por una amplia escalera de caracol o torniquete, tipo rampa, sin peldaños para el tráfico de camillas, sillas de ruedas y hasta una barbacoa en caso de alguna emergencia serrana.
Al respecto se convocó a una licitación en la que el favorecido por méritos y galardones sería el camillero titular del VIP. El día fijado para las entrevistas con el doctor Wenceslao Ropaín, Moisés Pérea que estaba ya a punto de prenderse de un avión con falladera llegó casi madruga’o a la clínica enchaqueta’o y encorbata’o haciéndole saber al personal de seguridad que era el enviado del Ministerio para realizar las entrevistas.

Efectivamente, a las siete de la mañana en la puerta de la clínica enfrentó al borbollón de gente, que con hojas de vida, recomendaciones, diplomas y cuanto papel viene al caso tenían interés en el cargo informándoles que el evento estaba postergado por ajustes financieros y que próximamente se les citaría de nuevo.

Resultados sólo ante las directivas se presentó Perea pregonando su experiencia en camillaje nacional e internacional y de alto escale quedando de inmediato con su respectivo uniforme, casco y rodilleras a cargo de una moderna camilla equipada con amortiguadores a gas, sirena, luces direccionales, llantas antivuelcos, frenos de aire, correas de paracaídas y hasta un mataburro electrónico para protección del paciente.

Ese mismo día debutó Moisés con su botas de suela ‘uña e’ tigre’ para evitar un resbalón en el ascenso al recibir encanillado y bien asegurado un aspirante a cadáver para subirlo al salón VIP. El recién intervenido, señor Lacouture era todo un personaje y rico hacendado carbonífero oriundo de La Jagua de Ibírico.

Mano suave, pulso firme, ojo avizor y garrete en guardia utilizó el ‘Moi’ `para llegar al salón platino pero con tan mala suerte que ese fue el día del reciente sismo en Bogotá y al tratar de abrir la puerta olvidó meterle el freno a la camilla y un coletacito del temblor la hizo retroceder y ahí va esa ‘desenfudándose’ torniquete abajo como la elipse de un helicóptero y Moisés atrás en el colmo del desespero. En la última curva de la escalera la camilla tiró para la puerta de la calle atropellando el par de vigilante que estaban allí arboleándolos encima del techo de una buseta que pasaba por el frente, cruzó el bulevar y abrió una trocha en un puesto de patillas espopando casi quinientas y en la hoja zumbó por toda la avenida hacía el Terminal enganchando la bandera de un SAI que se llevó por delante y con la sirena y las luces a to’ timbal y los aullidos horrorizados del pobre paciente.

Desesperado, Perea la vio por última vez cuando en dos llantas cogió la curva del Terminal mejor que todo el mundo y enrumbo pa’ La Paz.

Como pudo se subió con un mototaxista amigo que pasaba en una moto marca Prin pran de cinco pistones, famosa por lo correntona y arrancaron en veloz persecución.

En el retén de la salida encontraron cuatro policías escalabra’os y patas arriba que trataron de detener la endiablada camilla y esta después de darse un par de bandazos en el Puente Salguero iba de lao’ a lao’ de la carretera arrumando en la cuenta cuanto carro encontraba al tratar de apartársele al extraño aparato que los embestía estridentemente.

En La Paz hubo reguero de pimpinas y están desaparecidos dos vendedores de almojábanas de quienes solo las bateas y almojábanas se encontraron enchazadas en las horqueticas de los árboles del entorno. En San Diego se llevó en banda una hilera de gente que siestaba en los tradicionales taburetes quienes aún ignoran lo sucedido atribuyéndole los raspones y espaturramiento al temblor de tierra que anunciaban los noticieros aunque muchos aseguran que fue cuestión de brujería.

La prin pran rugía y aceleraba pero la camilla iba como una bala y alo lejos solo alcanzaban a ver la banderita del SAI. A Moi no le interesaba tanto el artefacto sino la integridad del enfermo que le habían confiado. ¡Dios mío! y yo con que le salgo ahora al doctor Wenceslao y a los parientes del señor Lacouture ¡ay mi mama¡ y con que voy a pagar los daños en la carretera, la multa de la policía y el yeso y el merthiolate para tanto escalabrao’

Después de la variante de Codazzi encontraron un pollino arriba de un poste enredao’ en los cables del alumbrado rebuznando despavorido y Moisés le pidió al mototaxista que estando ya cerca de La Jagua se olvidarán de la camilla y que los familiares del fulano se hicieran cargo y rogándole que por vía de su mama lo dejará en Aguachica que por allá no lo conocía nadie porque con este nuevo fracaso lo que soy yo no regreso a Valledupar.

Julio Oñate Martínez

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