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Editorial El País
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La epidemia del tabaco
31/05/2008
Seguramente pocos colombianos saben que la población de fumadores en Colombia equivale a la cantidad de muertes que el cigarrillo produce cada año en el planeta: cinco millones. Es una coincidencia que llama a la reacción tanto de los consumidores como de las víctimas inocentes del tabaquismo.
Hoy, cuando se conmemora el Día Mundial Sin Tabaco, lo primero que debe quedar claro es que este vicio se convirtió en un problema de salud pública para todo el orbe. Así lo indican los cálculos de la Organización Mundial de la Salud, OMS, que aseguran que el 18,3% de los habitantes de la Tierra son adictos. Y que 500 millones de personas morirán por esa razón de aquí al año 2030.
Lo peor de esas proyecciones es que la mayor parte de esos fallecimientos ocurrirán en los países en desarrollo, donde el consumo de cigarrillo va camino de convertirse en la primera causa de mortalidad, superando al sida. Entonces el problema se torna más grave aún, dados los altos costos que genera la atención médica del millón de seres humanos que cada año pierde la vida por ese motivo en Latinoamérica.
De eso no está ajena Colombia, cuyo servicio nacional de salud debe destinar $2,2 billones anuales al tratamiento de las enfermedades derivadas del tabaco. Éstas son las más catastróficas para la vida del paciente, pero también para los recursos públicos, ya que cada vez es más claro que, además del cáncer de pulmón –el más letal- y del de laringe y estómago, este vicio también produce infartos, malos desarrollos de los embarazos y hasta impotencia.
De ahí que medidas como el Convenio Marco para el Control del Tabaco que la OMS aprobó en el 2003 y al que se han acogido 156 países, incluido Colombia en primera instancia, parezcan insuficientes para detener la que ya es una epidemia mundial. Y que ese organismo le haya pedido a los gobiernos que prohiban cualquier tipo de promoción del cigarrillo, bajo la premisa de que es “un producto que mata a la mitad de sus consumidores”.
De ese esfuerzo no se puede sustraer nuestro país y ello será posible si la Corte Constitucional ratifica cuanto antes la adhesión que la Nación hizo en diciembre pasado al Convenio. Esa será la base para legislar contra la adicción que mata a 20.000 compatriotas cada año, porque a través suyo se podrán impulsar acciones concretas para la protección de los no fumadores, el aumento a los impuestos al cigarrillo y la prohibición efectiva a su venta a menores de edad.
Porque, sin duda, es en la juventud donde deben centrarse los esfuerzos por combatir el tabaquismo, en vez de permitir los esfuerzos que tratan de engancharlos con promesas falsas. Es triste que 80.000 adolescentes de todo el mundo se inicien a diario en el vicio y el 30% de los adictos colombianos sean menores que fuman hasta diez cigarros en 24 horas. Pero también que el humo le robe hasta ocho años de vida en promedio a quienes prefieren absorber más de tres mil compuestos químicos de un solo bocado a decirle no a las estrategias que disfrazan de placer uno de los peores enemigos de la humanidad.
Editorial El País. Mayo 31 de 2008
Editorial El País