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Editorial El Heraldo
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Intelecto comprometido
31/05/2008
El pasado miércoles murió en Bogotá uno de los intelectuales más lúcidos y verticales que ha tenido Colombia en las últimas décadas: Eduardo Umaña Luna.
Entre los muchos aportes que este abogado y sociólogo le hizo al país, el libro “La Violencia en Colombia” - escrito con Orlando Fals Borda y Germán Guzmán a comienzos de la década de los sesenta del siglo pasado - fue uno de los más valiosos.
Pionero en la materia, desde entonces Umaña Luna manifestó una profunda preocupación por entender las causas y raíces de las luchas fraticidas en las que se hallaba envuelta la nación, con el fin de evitar que ellas se repitieran en el futuro.
Profesor emérito de la Universidad Nacional, durante muchos años se dedicó a forjar en sus estudiantes un sentido crítico de la realidad nacional y a despertarles el interés por las investigaciones sociológicas referidas a la formación social colombiana.
Su labor como catedrático la alternó con la promoción y defensa de los Derechos Humanos, tarea que le valió el reconocimiento nacional e internacional. Por esa valerosa trayectoria de intelectual comprometido con el país es que la comunidad académica ha sentido hondamente su partida.
Al país realmente sí que le están haciendo falta más figuras como la del profesor Umaña Luna, es decir, la de pensadores y estudiosos de la realidad nacional que ayuden a enriquecer la visión de los múltiples problemas del país desde perspectivas novedosas y fruto de investigaciones rigurosas.
Y hoy más que nunca se impone la necesidad de abordar esos problemas que nos agobian desde miradas distintas, que den cuenta de otras visiones de las cosas diferentes a las oficiales o convencionales, que muchas veces se difunden con el fin de ocultar o minimizar sus dimensiones reales.
La discusión política que acapara la atención de la opinión pública nacional no se caracteriza propiamente por su riqueza conceptual o por sus contribuciones a entender mejor la realidad; por el contrario, las descalificaciones, los agravios y la exaltación de las pasiones están siempre al orden del día.
De ahí que muchas de las grandes decisiones que se han tomado en el país no han estado antecedidas de una discusión seria o de análisis rigurosos sobre sus implicaciones.
Y en ello, sin duda, al Gobierno le corresponde una gran responsabilidad por ser muy poco dado a la discusión razonada y mucho menos a la crítica. La preservación de su gobernabilidad se basa en aplicar una severa disciplina partidista que inhibe el debate.
Por los lados de la oposición las cosas no son muy diferentes. Las voces analíticas y serias son ahogadas muchas veces por el verbo encendido de sus figuras más demagógicas sin reconocerle siquiera legitimidad a las iniciativas del Gobierno.
En ese contexto es en el que se resaltan figuras como la de Umaña Luna, quienes desde la academia contribuyen a elevarle el nivel al debate político sin caer en el panfleto o en el extremismo, en el que, lamentablemente, está presa gran parte de la discusión pública actual.
Editorial El Heraldo. Mayo 31 de 2008
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