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Valledupar,
Gabriel Muvdi Aranguena
Gabriel Muvdi Aranguena
Opinión del 27/03/2007
¿Aparecidos..?
La vida del vendedor ambulante, una batalla sin tregua
30/05/2008

Hace 17 años Juan Pérez era un campesino que vivía de lo que sembraba en una pequeña parcela en La Jagua de Ibirico (Cesar). Por la presión de la guerra indiscriminada entre guerrilla, paramilitares y Ejercito abandonó la tierra y se vio obligado a emigrar a la ciudad.

Hoy debe pasar el día en una esquina de Valledupar ofreciendo baratijas a los transeúntes y soportando el acoso constante de las autoridades y las inclemencias de la naturaleza para regresar en la noche a la casa de inquilinato donde vive, llevando el sustento a sus siete hijos.

Por defender el derecho que él y sus compañeros tienen a trabajar, ha pasado varias noches en los patios de la Estación de Policía, sin recibir un pan o una cobija. Ni las detenciones, ni los golpes, ni las amenazas de conducirlo a la cárcel han logrado desterrarlo. Después de cada atropello vuelve con su caretilla atiborrada de objetos al mismo sitio de donde fue desalojado a la fuerza.

Al igual que Juan, se calcula que unos dos mil vendedores ambulantes en Valledupar y cerca de un millón en todo el país padecen múltiples penalidades y riesgos para poder llevar el pan a sus casas.

Para ellos cada día de trabajo es una batalla sin tregua, un día de combate. Desde hace mucho tiempo la Alcaldía suspendió la expedición de licencias, un sinnúmero de vendedores callejeros viven ejerciendo ilegalmente la única actividad que les permite subsistir.

Aunque la Constitución, en su artículo 17, consagra el derecho al trabajo, a este gremio se le persigue como no se hace con los delincuentes. La falta de la licencia o la violación de una de las normas absurdas que han sido dictadas para exterminar a los vendedores, da derecho a la policía para detenerlos 24 horas, para impedirles laborar durante varios días y para cometer toda serie de tropelías. La única justificación para estos abusos es la de que los vendedores “enmugrecen la ciudad”. Pero ninguna de las medidas impuestas logra detener la avalancha de personas que cotidianamente se lanzan a las calles.

Al sector de las ventas ambulantes confluyen gran parte de los desempleados y de los que buscan una forma para aumentar sus míseros y esporádicos jornales. En la calle hay sitio para todos ellos. Sólo se requiere de unos pocos pesos para iniciarse vendiendo cigarrillos o cordones de zapatos.

En la administración del doctor Aníbal Martínez Zuleta, reconociendo la gran labor de los vendedores logró construir una Galería llamada Popular. Muchos apostaban a un fracaso de la misma, hoy es una realidad, la administración pasada por iniciativa y acompañamiento de los concejales logró incluir un recurso importante para que a nuestros amigos colombianos se les apoyara en una nueva oportunidad de legalidad, ¿pero qué pasó? nos preguntamos hoy, ¿será que no se merecen estos amigos el apoyo, la comprensión de un administrador de turno?

Doctor Rubén Carvajal, conozco de su gran corazón y sensibilidad hacia los más necesitados. Le pido que no me los atropelle y los considere como seres humanos. Pronto se escuchará el avivar de un ‘Valledupar te quiero’, organizada y sin desempleo.

*Concejal del Municipio de Valledupar

Gabriel Muvdi Aranguena

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