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Elio Díaz Granados
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La realidad de mi vida
25/05/2008
Cuando estudiaba mi secundaria, (momentos inolvidables) la profesora de español nos recomendó leer por obligación un libro que quizás cuántas vueltas justas ha dado al mundo, y quién sabe por cuantas manos valederas habrá pasado.
(100 Años de Soledad), había que hacer un ensayo, estudio que me costó tanto sacrificio porque tengo que reconocer, la pereza me estaba acabando.
Añado además, en esos días por cierto había aprendido a bailar vallenato, (música que fluye en mis venas), también salsa, merengue y toda esa música que en el tumulto de una KZ uno puede improvisar movimientos, equivocándose tantas y tantas veces.
Claro está, siempre y cuando la pareja que por cierto estábamos iniciando una relación, lo alcahuetee. Estaba de moda esa canción del grupo UB40, ‘Red Red Wine’, en esa sólo había que mover de la cintura para arriba, pero lentamente. Las piernas no había para que.
Sinceramente, no quería saber de nada que no fuera baile, se imaginan sacar a bailar a las compañeras más bonitas del salón, eso era para infartarse. La fiebre era bien alta que el único trapito de agua fría para aliviarla era bailar. Es decir, que ese libro del que les cuento duré muchos días para asimilarlo y cada vez que quería seguir con la lectura tenía que empezar de nuevo porque lo que ya había leído, lo olvidaba, recordando con quien mas había bailado el fin de semana pasado, de veras que no recordaba nada, por eso fue un sacrificio.
Pero el tiempo nunca pasa solo, siempre lo acompaña una experiencia, mala o buena pero ahí esta, escoltándote, porque sin él no puedes seguir, así, ya estés descansando en el infinito. Es decir, que las fuertes brisas aquellas, con las que crecí feliz y reí tanto alguna vez, ya no las hallaba por ahí, porque me encontraba más cerca de la estrellas, y un frió lento y silencioso atormentaba cada paso de mi vida y la soledad cada vez crecía y se convertía en mi peor aliciente. Lo más triste para un ser, es sentirse solo. De modo que en cada momento que ese castigo me abrazaba, buscaba una forma de arrancarlo, desterrarlo de mi suerte, pero a veces me dominaba por que mis fuerzas derogaban rendidas a sus pies y solo lloraba en el mutismo para que se apiadara de mí aunque no lo hiciera.
Una mañana comprendí que la única forma de esfumarla de mi sombra era buscar que hacer en esos espacios que damnificaban mi paz, decidí modificar mi tiempo libre en leer, recordé aquel libro viejo de la profesora de español y que había recomendado con tanto ímpetu, (aunque yo no lo había aceptado así), porque mi ignorancia era bastante grande.
Ese pedazo de libro, (como lo llamé alguna vez) ya de páginas viejas por el mal uso, absorbió mi mente y derrotó ese mal que cohabitaba en mí ser a la fuerza, me enseño, me despertó un respeto por la lectura y la escritura, también un fuerte afecto y admiración por nuestro único Nóbel en nuestra historia literaria, Gabriel García Márquez. Natural de un pueblo hermoso, bananero, azotado por el olvido, la indiferencia, quien no obstante y a pesar de tantos años mal vividos anhelan el regreso de aquellos buenos tiempos.
De esta manera emprendí una larga ilusión en mi vida por leer y escribir, sueño que ruego a Dios no termine, por que es mi mayor pasión y bendición, (como lo son mis tres hermosos hijos), por eso cada día invito a las personas a leer un libro, para que asimilen y perciban más la vida, esa, la que muchos en el mundo no respetan, y la permutan por cualquier grado de intolerancia.
COLOFÓN: leer un libro, significa conocer más de ti y de los demás, leer un libro ayuda a comprender por qué la vida cada día es más compleja y hermosa. No esperes más, hazlo y recomiéndalo.
Email: eliodiazgranados@yahoo.es
Elio Díaz Granados