Buscar:
Valledupar,
EDITORIAL El Universal
EDITORIAL El Universal
Opinión del 17/05/2008
Universidad y desarrollo local
Opinión del 03/05/2008
Pico, placa y taxímetros
Opinión del 29/03/2008
Agua y corrupción
Opinión del 22/03/2008
Un golpe alto
El burro le dice orejón...
24/05/2008

Lograr un cambio en las costumbres politiqueras arraigadas en un pueblo y en unos dirigentes es un proceso largo y traumático, sobre todo después de haber descendido a las bajezas que algunos consideran normales en Cartagena y en Colombia.

La tergiversación de la política hasta degenerarla en politiquería no es otra cosa que convertir una actividad que debería ser de beneficio público, en un negocio de particulares, familias y clanes de allegados que viven del erario de manera descarada, y a veces hasta con jactancia.

Muchos se hacen elegir y emplear en los puestos clave locales y nacionales para que el saqueo pueda ser integral, fluido, organizado y sin traumatismos. Es de conocimiento popular que algunos procuran también llenar puestos en las entidades de control para cubrirse las espaldas. De ser cierto, explicaría la demora en que se fallen algunos procesos por malabares conocidos.

El erario, esa palabreja que suena ajena y hasta distante de nuestra vida diaria, es todo lo contrario. Es el bolsillo de cada ciudadano que tributa, reunido en un fondo común manejado por funcionarios que tradicionalmente se lo birlan hasta donde pueden, aunque debería ser sagrado por ser de propiedad pública y para beneficio colectivo.

Como somos un Estado Social de Derecho, aun quienes no tributan son dueños del erario a través de los bolsillos de quienes sí lo pueden hacer, convirtiendo al Estado en uno de ciudadanos solidarios. Así, las personas de estratos altos subsidian a las de los estratos bajos, que son quienes más lo necesitan.

Aunque el saqueo del erario es una falta enorme de por sí porque perjudica la calidad de vida de toda la ciudadanía, es muchísimo peor para la gente pobre porque la priva de lo esencial para apenas sobrevivir: salud pública, educación y movilidad, por ejemplo. Y por supuesto, todo lo anterior hace casi imposible que un pobre califique para un empleo decente.

La politiquería se nutre de los contratos y de la clientela, pero cuando ésta carece de unos y la otra, los politiqueros se enloquecen de una manera similar a los adictos a quienes les quitan las drogas de repente, que se estrellan contra las paredes, gritan y hasta aúllan. Otros maldicen a quienes les amenazan una vida muelle por encima de los estipendios mezquinos de los cargos públicos, con un bienestar construido durante décadas a costillas de los ciudadanos que sí producen.

Y cuando las casas y oficinas de tales “dirigentes” amanecen asediadas por la turba clientelista mostrando síndromes agudos de abstinencia burocrática y contratera, y además llaman a sus jefes por teléfono durante el día y la noche, cualquiera puede enloquecer hasta extremos insospechados, insultando mandatarios, entrando en pataletas públicas teatrales, predicando normas no practicadas y exigiendo conductas ejemplares lejanas del comportamiento propio. En fin, haciendo lo que coloquialmente se llama “pelar el cobre”, o el burro hablando de orejas.

Cartagena tiene que superar esa etapa nefasta de su vida pública y debería estar en pie de lucha para terminar de salirse del atolladero de la politiquería.

Editorial El Universal. Mayo 24-08

EDITORIAL El Universal

UNA MARCA COMUNICACIONES INTEGRALES S.A.
EL PILON - www.elpilon.com.co
Valledupar - Cra 7 No. 14 - 50 Teléfonos: 574 52 22 - 574 99 00
Copyright © 2007 Todos los derechos reservados.