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Jaime Garcia Chadid
Jaime Garcia Chadid
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Me duele Simón Bolívar
17/05/2008

Si algo hemos aprendido los pueblos colombiano y venezolano es que aquello del pasado común, la raza, el idioma, las costumbres, el Padre de la Patria y la esperanza de un futuro mancomunado, se encuentran por encima de coyunturas que cada vez presentan menos peso específico.

Cada día que pasa los lazos se estrechan, como en la figura jurídica de la accesión, lenta e imperceptiblemente, dando paso a cosas nuevas que se convierten en propiedad colectiva, creando un sentido de pertenencia que va dando figura, que construye la nueva nación, que no el mismo estado.

El sueño de Simón nunca fue una utopía, su última proclama no ha caído al vacío, allí está intacta y brillante como un sol de meridiano y no caerá porque eso no depende de quienes ocasionalmente detentan el señorío del gobierno sino que es un mandato de la historia y es por eso que al amparo de esa sólida e insoslayable realidad suenan tan fuera de lugar las consignas de guerra y agresión, que si es que se produce – uno no sabe - jamás lo será entre el sentimiento de nuestros pueblos y a lo sumo se habrá manchado con la sangre de inocentes hijos de ambos países, lo que debió alimentarse con el sudor en la edificación de la patria común.

Es por eso que no se entiende por qué el presidente Hugo Chávez, quien posa de bolivariano, un día habla de amor y otro de balas y no se da cuenta que si arremete contra el presidente Uribe, que no es santo de su devoción, ataca la unidad nacional y si amenaza con guerra entonces ya la cosa huele a feo.

Personalmente estoy cansado de esos altibajos y ojalá ejerciendo de estadista que no de líder político-partidista nos comunicara de una vez por todas cómo es que van a ser las cosas. Si no le gusta el gobierno de Uribe pues corte relaciones diplomáticas, que las demás se mantendrán solas y no admiten cisura. Acá siempre tendremos como hermanos a los venezolanos aunque entendamos que entre ellos como en la “viña del señor” hay gente incómoda y prepotente.

Que lástima que tengamos más de ciento cincuenta años de nacionalismos mal entendidos. No hemos sabido aceptar que los grandes proyectos de la política internacional lo primero que desechan son las barreras ideológicas, y lo más importante, fraguar la mezcla y mirar hacia delante.

No entiendo cómo es que todavía Colombia y Venezuela no hayan oficializado lo de la doble nacionalidad. Me produjo mucha nostalgia tener que mostrar mi pasaporte para poder ingresar a territorio venezolano y mucho más cuando nos trasladamos hacia allá acompañando al hijo que hizo la integración con el solo permiso del amor, sellando el pacto en las bellas playas de Pampatar, que a pesar de estar a cientos de kilómetros de las de Tolú, encontré que nunca había viajado más allá del Hotel Narza.

Y no solo por aquello de la ‘uvita de playa’ hubo momentos de grata confusión. Los olores y sabores acrecentaron en ese momento la impresión de estar de donde nunca hubiera querido salir.

Entonces, presidente Chávez, serénese, discrepe todo lo que quiera, diga todo lo que se le antoje, pero no moleste más con el cuentito de la guerra que nadie quiere pelear por la potísima razón que no tiene sentido.

“Si mi muerte contribuye a que cesen los partidos y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro”. Eso dijo el Libertador, pero la verdad es que no descendió serenamente a la tumba, por lo que hay que esperar o mejor solicitar que regrese y mire a ver cómo es la cosa de una revolución bolivariana que involucra bala para los hermanos.

jgarciachadid@gmail.com

Jaime Garcia Chadid

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