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Carlos Alberto Maestre
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La Gloria del Festival Vallenato
02/05/2008
El Festival de la Leyenda Vallenata llega, con esta edición, a su cuadragésima primera versión (41). Y llega lleno de gloria y de verdad que ha cumplido - y con creces- los principales objetivos que se propusieron sus creadores, en su momento, la inolvidable “Cacica”, Consuelo Inés Araújo Noguera (q.e.p.d), el expresidente Alfonso López Michelsen (q.e.p.d.), para entonces Gobernador del recién creado Departamento del Cesar, el “Maestro” Rafael Escalona Martínez, el Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, quienes al lado del periodista barranquillero Álvaro Cepeda Samudio, don Hernando Molina Céspedez, Dario Pavajeu Molina y muchos otros vallenatos y vallenatas, acogieron con entusiasmo la idea de realizar un concurso de acordeoneros para mostrarle y divulgar ante el país esta contagiosa música.
Uno fue ese Festival en sus primeros años y otro, muy distinto, el Festival de ahora. Vale la pena hacer estas remembranzas. Era la Plaza Alfonso López Pumarejo el sitio para hacer el concurso, en una tarima de madera y con la portentosa voz de Adolfo Acuña Porras, uno de los mejores locutores de la región, como su primer presentador, se le comenzó a dar presentación en sociedad a una música de origen popular y campesino, que sintetiza muy bien la tres etnias de nuestros ancestros: el acordeón europeo (italiano y alemán), la caja del negro africano y la guacharaca de nuestros indígenas. Eso fue una gran parranda, con la cual inició el vallenato el recorrido que hoy lo ha llevado a ser la música más escuchada en nuestro país y uno de los ritmos que mejor identifican hoy a Colombia en el mundo.
En esos primeros años, la Plaza se convertía en una especie de “mercado persa”, en cada Kiosco tocaba un acordeonero y el público podía escuchar al uno y al otro, observar quien tocaba mejor el paseo, el merengue, la puya o el son; hacer las comparaciones del caso y se iban formando barras en torno a los nombres de los favoritos. Pero también eran muchos los acordeoneros sueltos por ahí, quienes no se habían inscrito en el concurso y por unos pocos pesos tocaban al mejor postor, al grupo de amigos que se tomaba una cerveza, un ron o un trago de whisky, o a aquel que quería darle una serenata callejera a alguna mujer que le gustaba. La final del concurso también era en la Plaza, la noche del 30 de abril, casi siempre llovía y allí se enfrentaban las barras de los favoritos y con el resultado siempre había gente contenta y algunos inconformes.
El mundo conoció más del vallenato cuando Gabriel García Márquez, el hijo del telegrafista de Aracataca, el nieto del Coronel, ganó el premio Nóbel de Literatura, en 1982, y García Márquez decidió que había que recibir este premio con su gente: Rafael Escalona, Consuelo Araújo (q.e.p.d), los hermanos Poncho y Emilianito Zuleta, Pablo López, Pedro García, y una comitiva grande que llevó la parrada del Festival, esa que había comenzado en 1967, a la fría Estocolmo y pusieron a cantar y a bailar vallenato al Rey Gustavo de Suecia y a toda su Corte.
Desde ese momento, para acá, con Alfredo Gutiérrez, el Binomio de Oro, Carlos Vives, entre otros, el mundo comenzó a conocer que existía estas tierras hermosas y cálidas, llena de lindas mujeres y hombres alegres que año tras año celebran la vida con un Festival de música de acordeones, como en “Cien Años de Soledad”, para pedirle a Dios otra oportunidad para la vida en estas tierras legendarias. Ahora el Festival Vallenato es otra cosa, se realiza en un parque especial como lo soñó y lo proyectó “La Cacica”, es un fenómeno cultural mundial, similar al de Viña del Mar en Chile, que atrae a turistas y a periodistas de todo del mundo.
Carlos Alberto Maestre