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Valledupar,
Carlos Alberto Maestre
Carlos Alberto Maestre
Opinión del 17/02/2008
El mal uso de las cesantías
Críticas a la Feria del Libro
27/04/2008

La Feria Internacional del Libro que se realiza anualmente en Bogotá, que esta vez llega a su versión vigésimo primera (21), es uno de los acontecimientos culturales más importantes del año y una de las ferias más destacadas de su tipo en América Latina, se le considera la quinta de su género en la región.

Sin duda es un evento de gran trascendencia en la cultura nacional y también de mucha influencia en el mundo editorial y literario; atrae a muchos estudiantes de bachillerato y la universidad, es un punto de encuentro entre escritores, editores y lectores, y anexo a la feria misma se presentan muchas actividades culturales interesantes y atractivas.

Arranca el 23 de abril y termina el 5 de mayo, en últimas son trece días dedicados al libro y la cultura. La Feria representa una inversión que este año alcanzará los $2.000 millones de pesos, ocupa 17 mil metros cuadrados de Corferias en Bogotá y se estima que sus ventas al detal superan los $8.500 millones de pesos y reúne casi a toda la industria editorial del país. Esta vez, tiene a Japón como país invitado, con motivo de cumplirse cien años de relaciones diplomáticas entre ese país y Colombia.

Hasta ahí todo está muy bien. Sin embargo, como asiduo visitante de la Feria y –modestia aparte- buen lector, tengo algunas observaciones y críticas sobre la misma. En primer lugar los costos de la entrada, los adultos pagan $7.000, los estudiantes $5.000 y los niños $4.500.

En lugar de una entrada se debería vender un abono que le permita a la persona ir varias veces a la Feria, muchas veces en un solo día uno no puede visitarla toda; para los estudiantes la boleta debería ser más barata y para los niños debería ser gratis, sólo así se puede acercar a la juventud a los libros. Los muchachos prefieren gastar en otra cosa, en lugar de pagar una entrada a la Feria con esas tarifas.

En segundo lugar, el precio de los libros, que es el objetivo principal de la Feria, la industria editorial debería tener una producción especial para la Feria, con ediciones populares y económicas, que sean accesible a la gran mayoría de la población del país que gana menos de 4 o 2 salarios mínimos. Las grandes librerías también deberían hacer lo propio, exhibir y vender allí con precios más atractivos

Por su parte, las Universidades, las grandes bibliotecas, los medios de comunicación y otras instituciones vinculadas con el mundo editorial y de la cultura, deberían aportar también a la Feria, suscripciones más económicas, promociones, etc, que ayuden a fomentar la lectura en el país, principalmente entre la gente más joven. Si la Feria sigue como hasta ahora habrá que cambiarle el nombre, porque, en realidad, de Feria tiene muy poco.

Carlos Alberto Maestre

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