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Jaime Garcia Chadid
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Tamaño María Namen
26/04/2008
Este escrito es un alegato oficioso y cuyo destinatario es esa instancia única del tribunal popular que se encuentra integrado por la gente, la común y corriente, esa que sin querer queriendo forma lo que se llama la opinión pública. Y es una exposición de defensa porque en Colombia y el mundo la propiedad intelectual es un derecho que hay que respetar. Las ideas originales son propiedad de quien las concibió y se pueden reivindicar. Las cosas son como son o dejan de ser.
Pero antes de entrar en materia - la que se da por supuesta al leer el título de este escrito - debo dejar constancia sobre mi inquietud en cuanto a la forma en cómo Doña María podría recibir estos comentarios y se me asegura que sentirá complacida porque lejos estoy de querer causarle ninguna molestia .
Busco entonces con esta declaración clarificar algo que a falta de un dueño reconocido tiene muchos. Más de una persona se atribuye sin motivo el inspirado chispazo de asociar a la señora Namen con la botella grande de Old Parr, pero lo cierto es que fue a partir de 1991 y más exactamente desde el 25 de mayo en que esta expresión se originó dentro de un bus propiedad de Emerio López que viajaba rumbo a Maracaibo trasportando a un heterogéneo grupo de vallenatos invitados a una boda.
El traslado se inició hacia las seis de la mañana, hora apenas apta para pensar en un tinto y un jugo, pero la reina era la alegría. No sonaba, tronaba hasta el cansancio, el equipo de música del traste en que marchábamos con canciones interpretadas por el ‘Rey de los Pueblos’, es decir, Farid Ortiz. Eso y la algarabía que promovía la muchachada que viajaba en la parte trasera produjeron más de un dolor de cabeza y a mi también malestar auditivo.
Uno de los más entusiastas era el ‘agraciado’ Carlos Quintero Romero. Me parece que estaba ‘sarazo’, que es la expresión utilizada en mi tierra para denotar las delicias de un guayabo sin arrepentimiento, es decir, terminando una acrobacia y con ganas de comenzar otra, pero lo temprano del día y la presencia de gente medio abstemia o re-correcta de la tribu de La Junta le impedía expresar su deseo por un whisky.
Pero llegó la ansiada hora en la que reclamar un trago ya no suena a purgante y casi todos estuvimos de acuerdo en que había que aprovisionarse - como hay que hacer siempre cuando el camino es largo y culebrero - y que el lugar era ‘la raya’, es decir, la frontera. Se recolectó el dinero para dos botellas de las grandes, de las de a litro, pues alguien hizo el cálculo del consumo tragos-kilómetros, creo que fue el ingeniero Álvaro Araujo Noguera. Alonso Sánchez Mejía (Loncho) iba sentado cual vigía de popa en la primera banca, al lado de la entrada y a él le llegó el dinero y la solicitud de compra. Llamó a un vendedor y le dijo “Oye, tu, dos botellas de Old Parr”, a lo que éste le contestó: ¿pero de cuál, porque hay tres tamaños? y Loncho, sin perder un segundo, le contestó voz en cuello y gesticulando: de las grandes, de las que se parecen a María Namen...” risotadas en bus. El proveedor entendió sin mayor esfuerzo y entregó de las de mil centímetros o sea de a litro, o para ser más exactos, tamaño María Namen.
Eso es historia y cual Francisco El Hombre, pero no de pueblo en pueblo, sino en todos en el mismo momento. ‘El agraciado’ pregonó al regreso ese martes por su escuchada radiodifusora, lo del advenimiento, lo cual nos puso de presente y hoy más que nunca que así es como se construyen las leyendas a las que somos tan proclives por estos lugares de Diosas Coronadas. Había nacido otra.
garciashedid@hotmail.com
Jaime Garcia Chadid