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Carlos Alberto Maestre
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Producción de alimentos: oportunidad o crisis para Colombia
20/04/2008
La producción de biocombustibles, que en un principio surgió como una alternativa viable e interesante a la casi exclusiva dependencia de la sociedad moderna del petróleo y sus derivados, poco a poco se ha ido convirtiendo en una seria amenaza para la producción mundial de alimentos. A tal punto que ya muchos hablan del dilema: autosuficiencia energética o seguridad alimentaria. El problema no es sencillo y buscarle una solución adecuada y justa no será fácil. El aumento en los precios del petróleo, que ya superó la barrera de los US$100 dólares por barril, ha llevado a que muchos países y sectores industriales exploren otras alternativas de energía, a partir de fuentes vegetales como la caña de azúcar, el maíz, el sorgo, la remolacha, el trigo o la cebada, para producir bioetanol; o el cultivos de palma africana, girasol, soya, etc, para producir biodiesel. Estos biocombustibles tendrían, además beneficios para el medio ambiente.
No obstante lo anterior, si ese cambio en la asignación de las tierras no se hace con la respectiva planeación, a nivel mundial, se podrían presentar serios problemas, inclusive algunos peores de los que se buscaba resolver. En efecto, los terrenos aptos y disponibles para la agricultura en la tierra, valga la redundancia, son un recurso limitado y si aumenta, día tras día, como parece estar sucediendo, el área destinada para la producción de biocombustibles, restándole tierras a la producción de alimentos, en parte porque los primeros son más rentables que los segundos, es muy posible que se presente una escasez relativa de alimentos y un consecuente aumento en el precio de los mismos. Como ya se ha registrado en algunas partes del mundo y en Colombia, que importa toneladas de alimentos, por ejemplo trigo, maíz, entre otros, se sentirían estos efectos.
El problema tiene varias caras: de una parte la producción de biocombustibles puede ser una alternativa interesante para muchas regiones del mundo y para parte de la población campesina que hoy tiene tierra dedicada a cultivos que no son los más rentables, como la industria de la producción de combustibles a partir de insumos vegetales es mayor, muchas zonas y grupos destinarán sus tierras a la producción de los mismos. Colombia, que tiene 4 millones de tierras destinadas a la producción agrícola, en este sentido tiene muchas posibilidades y esto implicará un cambio en la política agropecuaria del país, como ya lo ha sugerido el Presidente Álvaro Uribe al Ministro de Agricultura, Andrés Felipe Arias.
Sin embargo, si a la producción nacional de alimentos no se le dota de las garantías necesarias, incluyendo subsidios y crédito barato, además de tecnología, etc, como lo pedía hace más de 50 años Pedro Castro Monsalvo (q.e.p.d.), muchos campesinos y agricultores preferirán producir biocombustibles en lugar de alimentos.
En consecuencia, si la tierra para cultivar materias primas para los biocombustibles se hace restándole tierra a la producción de alimentos, se podría presentar una reducción en la producción y afectar, tarde o temprano, a los consumidores y – como siempre – los más pobres serían los más perjudicados. El mundo avanzó desde hace décadas y ha logrado tener una abundante y relativamente barata producción de alimentos, gracias a los avances de la tecnología agrícola y a políticas de instituciones como la FAO. Pero, ante esta nueva perspectiva, le corresponderá a instituciones internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y la FAO buscar un consenso entre los países para estimular la producción de alimentos. A Colombia, como ya lo dijo el Presidente Uribe Vélez, también le toca una ardua tarea en esta materia.
Carlos Alberto Maestre