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Jairo Arturo Montalvo Sarmiento
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Se acerca el Festival de la Paz
04/04/2008
Empieza el mes de abril con entusiasmo en Valledupar porque ya se acerca el Festival de la Leyenda Vallenata. Los acordeonistas se llenan de ilusión y esperanza para ganar el concurso con su talento natural y como un gallo fino se preparan en un patio rodeado de cañahuates que junto con los palos de mango conformarían el dúo ideal que atestigua la buena ejecución de sus notas.
Los compositores acuden al secreto del costumbrismo y del hermoso paisaje de la Sierra Nevada para lograr su mejor inspiración; donde las aves, los ríos y las montañas se convierten en los jurados imaginarios que guían la letra y la melodía de sus canciones. Y los verseadores preparan su creatividad para divertir a los asistentes.
La sonrisa de los vallenatos en esta época es mucho más diciente, porque la fiesta que se acerca, además de homenajear el sentimiento musical vallenato que corre por nuestra sangre, renueva la esperanza de aquellas personas que ven al Festival como una buena fuente de empleo y una oportunidad más para mostrar nuestra amabilidad y hospitalidad a todos los invitados. Aquí se configura la combinación ideal entre la colaboración incondicional al Festival, para que su imagen crezca y la utilidad proveniente del mismo, para que el pueblo vallenato prospere.
En este mes los vallenatos que vivimos fuera de Valledupar empezamos a preocuparnos sobre la posibilidad de ir o no al Festival y se constituye en el tema principal de conversación. Ojalá, Dios mediante todos podamos ir para no sentir la nostalgia que sintió el gran compositor Rafael Manjarrez que le sirvió para componer la hermosa canción himno del festival ‘Ausencia Sentimental’. Y por lo contrario, tener una presencia sentimental en el Parque de la Leyenda “Consuelo Araujo Noguera”, para no escuchar la radio desde la distancia y nuestra alma viaje emocionada a Valledupar.
La gente con emoción y alegría empieza a recordar a los juglares vallenatos, pero que no sea solamente en esta época que se recuerden, sino para siempre, ya que ellos constituyen la esencia del vallenato. Si algo debe servir el Festival es para afianzar la autenticidad del vallenato que se ha ido perdiendo con tanto “wiki wiki” (como dice Rafael Ricardo) que no tiene ningún trasfondo cultural. Ruego una reflexión a los que quieren tergiversar el folclor para que se pellizquen y piensen mas en nuestra idiosincrasia y cultura; y no en el parasitismo de hacer producciones y canciones ambiguas con fines extraculturales y comerciales que desnaturalizan nuestra identidad.
En este momento importante para el vallenato me atrevo a decir que los alemanes creadores del acordeón, nunca imaginaron cuán lejos iba llegar este instrumento musical; y mucho menos alcanzaron a presagiar la llegada de dos instrumentos fundamentales para que el acordeón no se quedara solitario con su melodía, como son la Caja y la Guacharaca. El primero creado por los africanos y el segundo creado por los indígenas. Y así surge el protagonismo de tres instrumentos que simbolizan la representación musical y cultural del Festival Vallenato.
Aprovechemos nuestra fiesta para decirle al mundo que no todo es violencia en Colombia y poder mostrar la imagen positiva de nuestra tierra representada en la raza indígena, la paz y tranquilidad natural de nuestros paisajes y la riqueza cultural del acordeón, la caja y la guacharaca que se consolidan como instrumentos generadores de melodías de paz y que a su vez constituyen un ejemplo para los grupos al margen de la ley que cargan armas que disparan melodías de guerra.
Queridos paisanos vallenatos, acudamos efusivamente al Festival de la Paz para escuchar los sonidos de los acordeones y así mismo excluir a los violentos que quieren el Festival de la Guerra escuchando el sonido de las armas. Y si lo anterior se cumple seriamos ante el mundo los grandes merecedores del Grammy de la Paz.
Jairo Arturo Montalvo Sarmiento