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José Félix Lafaurie Rivera
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¿Por qué no marchamos el 6 de marzo?
16/03/2008
En la histórica jornada del 4 de febrero primó la indignación y un profundo y genuino sentimiento de humanidad, antes que el odio o el ánimo retaliativo. En la imprevisible magnitud de la acción colectiva quedó subsumido –en las múltiples convicciones de quienes la protagonizaron– el rechazo a las FARC y un auténtico hastío frente a un conflicto armado de larga duración y violentas proporciones. El acto masivo, espontáneo y pleno de valentía, de enorme significado para la futura suerte de Colombia, se convirtió en la antesala de un nuevo llamado para el seis de marzo. Un evento que sólo cobrará sentido y legitimidad, si busca dignificar a las víctimas y nada más.
Nada distinto esperamos, a recoger la memoria del conflicto, a entendernos y vernos como sociedad y a sentir como propios el dolor y el miedo de los miles de colombianos que vivieron y viven en carne propia, los vejámenes de una violencia indiscriminada. Una movilización por los niños, hombres y mujeres que, especialmente en las zonas rurales, conocieron el horror del secuestro, la extorsión, la tortura, la amenaza, las minas antipersonas, la muerte y la desolación. Esa basta población de la cual hemos hecho parte los ganaderos y que hoy, más allá del desagravio, busca sanar sus heridas, inclusión y reconocimiento.
Sin embargo no será así. Las diferentes voces, muchas de ellas en contravía del querer general, han pretendido desnaturalizar la marcha y provocar una postura retaliativa contra ciertos sectores, especialmente contra la fuerza pública.
Los ganaderos hemos sido víctimas, antes que victimarios. Como tantos otros que se quedaron en el campo y no tuvieron otra alternativa que aceptar el control territorial impuesto ayer por las que autodefensas.
Enemigos naturales que emergieron ante la ausencia de Estado, para enlutar hogares y llevar tristeza y desolación a la mal llamada periferia, a la Colombia rural. El monstruo de las autodefensas fue una reacción natural a la violencia de las FARC, ante el vacío institucional. Fueron su caldo de cultivo, según Eduardo Pizarro Leongómez.
Pero ese monstruo hoy está controlado y la justicia está en proceso de dignificar a las víctimas. ¿Qué sentido tiene entonces una marcha para buscar justicia y reparación cuando el país ya está avanzando en esos dos frentes con pie firme y enlodar a la fuerza pública? Pareciera tener la marcha más un sentido retaliativo, que no hace más sino abrir heridas y profundizar odios. Los colombianos debemos dedicar nuestros esfuerzos a buscar la reconciliación. Por eso los ganaderos no marcharemos el 6 de marzo.
Los ganaderos han sido el único sector que ha reconocido con valor, su propia cuota de responsabilidad en un proceso político, que terminó afectando, considerablemente, a toda la sociedad. Una responsabilidad que no es inferior a la del resto de colombianos, que permitió la barbarie durante décadas, el asesinato el secuestro y la extorsión de miles de los nuestros, con un silencio cómplice. No por ello las autodefensas y los ganaderos pueden ser confundidos, porque los ganaderos son más de 500 mil productores a lo largo y ancho del país –400 mil de ellos pequeños productores con menos 50 animales– cuya memoria, de drama y desolación, también merece reconocimiento.
De ahí que la Fundación Colombia Ganadera, Fundagan, sea un esfuerzo por reconstruir esa inmensa memoria colectiva de tragedia y sufrimiento y una cruzada para dignificar a las víctimas ganaderas. Es una consiga que antes que fracturar y polarizar nuestro frágil tejido social, congrega a la unidad, al perdón y a la reconciliación. Es hora de dar paso a la máxima: “Yo no lo hago, tu tampoco lo haces”. Nos urge remontar la mentalidad del siglo pasado, para entender que la violencia y el terrorismo, no son la salida al conflicto, ni la forma como vamos a reconstruir el porvenir de Colombia.
* Presidente Ejecutivo de Fedegan
José Félix Lafaurie Rivera