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Miguel Andrés Villazón G.
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Pasos de paz, huellas políticas
04/03/2008
La marcha del pasado cuatro de febrero tuvo un contenido más profundo que la sola masiva asistencia con la que se llevó a cabo. Durante el tiempo que hemos vivido junto al flagelo de la violencia, Colombia nunca se había levantado a recorrer las calles de la forma en que lo hizo.
Los organizadores del grupo en la novedosa red social de Internet “facebook”, les sonó la flauta cuando vieron la respuesta positiva de quienes se juntaron a la idea de marchar en contra de las FARC.
No solo por la promoción de esta, en la página cibernética mencionada, el pueblo procedió como lo hizo. Sacamos las banderas blancas porque estamos agotados de las masacres, los secuestros y de no poder respirar aires de paz.
Pero lo indagador es que nunca se habían practicado las marchas que se frecuentan realizar en el viejo continente, donde caminan hasta por el más leve derecho que se les lesione. No sentíamos ánimo para hacerlo, hasta que llegó el día.
Magnánimo este suceso nacional, tanto que traspasó las fronteras, acompañándonos desde distintas partes del mundo solidarizándose con nuestra situación.
Pero no todo es bueno; luego de ésta, han creado otra idea similar, para el día 6 de marzo, con una finalidad diferente y enigmática.
La del 4 de febrero utilizó como punto central estar en contra de las FARC. En realidad fue en rechazo a la ola de violencia que nos acompaña hasta nuestros días, incluyendo a todos los grupos insurgentes y narco-terroristas que alejan la vida pacífica de nosotros.
Hasta ahora no entiendo la razón de porqué organizar otra seguida como la que se espera para el jueves entrante. No estoy en defensa de los paramilitares, porque si algo bien claro tengo es el daño incalculable que hicieron. Tampoco en contra de la marcha para los llamados crímenes de Estado y autodefensas. Solo que observo un fondo más político que humanitario y esto me genera incertidumbre.
Más allá del motivo, encontré algo curioso. Y es que quienes están al frente de esta marcha no apoyaron la del 4 de febrero.
Entre estos se encuentran algunas personas públicas, unas cuantas ONG, corporaciones, el Polo Democrático, entre otros.
Debido a esto, me queda claro el panorama con el que se llevará a cabo el evento. No podemos desconocer que aunque el gobierno del Presidente Uribe no tuvo nada que ver en relación a la primera marcha en contra del grupo guerrillero (pero sí acudió a ella), la presencia de los millones de compatriotas es un apoyo a los resultados de la seguridad democrática. Imposible tapar el sol con las manos.
Por encima de todos los que estén involucrados en la marcha, jugamos un papel fundamental ante la imagen internacional con estos acontecimientos. Sin duda, después del 4 la mayoría de los países ratificaron su apoyo a la búsqueda de la paz en Colombia. Se demostró que no es mentira que la gente está desesperada y cansada de llorar sangre. A su vez se fortalecieron los argumentos para mantener el calificativo de terroristas a la organización guerrillera de las FARC.
Colombia ante el mundo es un tema de vital importancia que no se puede descuidar. Gran parte del desarrollo del conflicto depende de los países amigos y enemigos del Estado Colombiano y de grupos armados ilegales.
Esto tenemos hasta hoy, que no se ha hecho realidad la marcha del 6 de marzo, que aunque no contará ni con la cuarta parte de caminantes de la anterior, puede perjudicar todo lo precedente. Es arriesgado decir que salir el 6 sería estar a favor de unos; y no hacerlo, en contra de otros. Pero más peligro causaría que por iniciativas de opositores del gobierno se entendiera así en el resto del mundo.
La consecuencia no sería cualquiera, estamos bajo la permanente mira de las cortes internacionales, que con certeza al presenciar un conflicto de intereses por parte de diferentes sectores de lado de unos y otros grupos insurgentes, no vacilarían en entrometerse y tomar cartas en el asunto.
Organizar manifestaciones de buenas intenciones y asistir a ellas no es malo, pero utilizar estas para el interés de unos cuantos sí lo es, más en este caso cuando ponemos en riesgo al país sin tener en cuenta su condición. Así, resulta esto un acto de contenido político.
La marcha del 4 de febrero demostró el interés de los millones que salimos a las calles; esperemos que la del 6 de marzo no sea una fachada en contra del gobierno, ya que carece de propósitos claros.
miguemigue60@hotmail.com
*Estudiante de Jurisprudencia
Universidad Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario
Miguel Andrés Villazón G.