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Orlando Velásquez García
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Cantando y limpiando, Valledupar progresando
29/11/2007
Debemos sentirnos contentos por todos aquellos que participamos como candidatos en esta gran gesta democrática, unos perdieron una batalla, pero no la guerra.
Mientras se repitan nuevos acontecimientos políticos y se desate la etapa de resentimientos, en enero de 2008, dimes y diretes, los invito a que pensemos un poco más por nuestro amado Valledupar, te invito a que trabajemos por nuestra cultura ciudadana, y como hermanos luchemos por una política de respeto mutuo.
Las motos han sido una solución a todas aquellas personas que carecen de un trabajo bien remunerado, al menos solucionan el diario vivir en muchos hogares.
Las motos son un dolor de cabeza por la conducta que asumen sus conductores, son agresivos, imprudentes, maleducados y si cometen un error nada se les puede decir porque te recuerdan quien te parió.
Los que conducen bicicletas actúan peor, carecen de toda clase de señalización la mayoría son estudiantes y como si fuera poco transitan en contra vía y por los andenes.
Esto es lo mas visible, pero que podríamos decir de los vehículos que a diario cruzan nuestras calles, no respetan los semáforos, les da lo mismo rojo que verde o amarillo, para ellos no hay Ley, sorpresivamente aparece un carromulero que en su recorrido imprudente va dejando chorros de pestilente gasolina que muchas veces dejan su verde residuo que con los efectos del sol alborotan a insectos amantes de esta fragancia mientras que a su lado pasa un humilde hombre empujando la carretilla llena de pescado seco. Se imagina usted tantos aromas juntos?
El transeúnte no se queda atrás, cruza las calles por donde le viene en ganas, arriesga su vida y le importa la de los demás, no utiliza las cebras, y va tirando a la calle el vaso plástico donde bebió el guarapo, papeles del dulce que compró, la paletilla del helado, en fin, No quiere a su ciudad.
Todos los días hay algo nuevo en la ciudad, ahora están de moda las moliendas de caña en cada esquina, cuyos dueños, a las 6 p.m. se retiran a sus hogares y dejan el arrume de bagazo.
En días pasados vi en la puerta del colegio Nacional Loperena un nuevo mendigo y le pregunté, usted, ¿de dónde es?, y me respondió, “de Chivolo”, y ¿usted por qué está aquí en Valledupar?, tranquilamente y con tremenda sonrisa, me respondió, “me han recomendado que esta es buena plaza para pedir limosna”.
Teniendo muy presente estos factores, considero importante que los colegios, Gobierno Municipal y Departamental, Cámara de Comercio, los bancos, La prensa hablada y escrita, firmas comerciales, entre otros inicien una campaña agresiva sobre Cultura Ciudadana, no por un día ni una semana, esta es una labor constante y permanente. Y así haremos de Valledupar la ciudad más limpia de Colombia, la más amable y culta del continente americano.
Orlando Velásquez García