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Valledupar,
Rudolf Hommes
Rudolf Hommes
El Presidente y el profesor
08/08/2007

El profesor Gustavo Moncayo se ha convertido indiscutiblemente en una figura política. Simboliza el dolor de los padres, madres y familiares de los secuestrados y encarna el deseo de paz de los colombianos. Como lo han dicho otros comentaristas, lo que ha hecho el profesor no parece tener antecedentes en la historia reciente de nuestro país.

No es un hecho común que un ciudadano que no tiene voz se la gane en un acto pacífico, eminentemente simbólico.
Moncayo ha logrado que las familias víctimas del secuestro hayan pasado de poderse comunicar solamente por canales individuales, o a través de ex presidentes, a tener una figura política que los represente y un movimiento político en gestación. Colombia carece de figuras que encarnen los sentimientos del público. El profesor Moncayo está llenado ese vacío porque ha recogido el apoyo no solamente de quienes simpatizan con estas familias sino de los que anhelan la paz.

Que Uribe haya ido a visitarlo acompañado de los miembros del alto gobierno responsables por la paz y que le haya dado entidad como interlocutor legítimo es un reconocimiento a lo que representa el profesor. No haber acudido a su encuentro hubiera sido desconocer las aspiraciones de paz del país y la enorme empatía que ha despertado la marcha del profesor y su dolor. Sin duda es un avance político que los secuestrados y sus familias tengan un vocero reconocido y respetado.

Pero la paz y un acuerdo humanitario no se obtienen solamente con buenas intenciones, ni es exclusivamente al gobierno al que se debe presionar para avanzar en dirección a estos objetivos. Lo que ha sucedido le pone al gobierno una presión adicional, especialmente si Moncayo y asesores logran convertir lo que hasta ahora es un golpe de opinión en un movimiento político permanente. Pero si la presión solamente se le aplica al gobierno, el movimiento puede llegar a fortalecer la posición negociadora de las Farc y le daría aliento a su intransigencia.

Los medios han resaltado la importancia que tendría para empujar al gobierno en la dirección de un acuerdo humanitario, como si el gobierno no tuviera interés en solucionar el problema de los secuestrados, o pero aún, como si fuera el gobierno el culpable de esta situación.

En ese análisis se desconoce implícitamente que los secuestrados están en poder de las Farc, que los mantiene en condiciones infrahumanas, violando todas las normas existentes de derechos humanos, con claro desprecio por las personas y sus familias, y no se tiene en cuenta que no existe ninguna garantía de que las Farc se van a sentar a negociar con seriedad y mucho menos de que eventualmente estén dispuestos a soltar a los rehenes. Ellos los mantienen como moneda de intercambio y utilizan el dolor de los secuestrados y sus familias como elemento de presión.

La categoría de interlocutor que el presidente Uribe le ha concedido a Moncayo es una oportunidad para que él y quienes lo apoyan establezcan canales de comunicación con las Farc y establezcan mecanismos de presión hacia ellas. Así podrían adquirir plena legitimidad y sería relevante su gestión. De lo contrario se van a desvanecer el interés y el apoyo ciudadanos porque la clave para avanzar hacia la paz o hacia el acuerdo humanitario no solamente es lograr que se mueva el gobierno, que ya lo ha hecho, sino que se muevan las FARC, que todavía no han devuelto ni siquiera los cadáveres de los diputados asesinados y que aprovechan el anhelo de paz nacional y a figuras como Moncayo para perseverar en su crueldad.

Rudolf Hommes

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