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Jorge Leyva Valenzuela
Jorge Leyva Valenzuela
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La tragedia de la guerra
30/06/2007

Justo cuando parecía haber cierto tipo de humo blanco y parecíamos estar cerca del acuerdo humanitario, llegó la tragedia. Once diputados, de doce, muertos por las balas del conflicto armado. ¿De dónde salió el plomo? ¿Quién disparó? Que fueron las FARC, que fueron los paras, que fue el ejército… En realidad, a los parientes de los muertos, les da lo mismo. Porque, al fin y al cabo, ¿quién les devuelve a sus seres queridos? No se los devuelven las FARC, no se los devuelven los paras, no se los devuelve el ejército.

Es tal vez esto lo que resume el horror de la guerra. Mientras estamos vivos, peleamos unos con otros. Los impulsos por causar bajas en el enemigo son permanentes. Y el resultado es uno sólo: la muerte. Y ya muertos, nadie le sirve a nadie. Tal vez, si acaso, quienes pierden la vida se convierten en un trofeo pasajero de cuadros estadísticos. O en punto de ego. La guerrilla cuenta los muertos, le echa la culpa a su enemigo y el ejército también. Pero, al final, el resultado es el mismo. Otra vez los muertos y otra vez nada que hacer. 

La realidad es mucho más escabrosa cuando se trata de secuestrados, porque ellos, son totalmente ajenos al conflicto. Ni siquiera hacen parte de uno de los bandos y, por el contrario, su cautiverio los vuelve aún más conscientes de la necesidad de acabarlo. Son víctimas puras, primero de una guerra sin sentido, y segundo, de un pulso ente egos. Los de ambas partes, que ven que ceder para su liberación, implica una pérdida de fuerza política. Queda en un segundo plano lo humanitario, que en realidad, debería siempre estar de primero.

 Todo hace parte del mismo círculo vicioso, de las mismas vanidades y de las mismas terquedades. Los guerrilleros insisten en el intercambio en Florida y Pradera y punto. El gobierno insiste en que no y se empecina en ello. Nadia que afloja. Y pasa el tiempo y nada pasa. Mientras tanto los franceses creen que exigiéndole cosas a las FARC van a lograr algo, y se estrellan contra un muro de silencio y contra el paso del tiempo que sólo lleva al desespero.

 En medio de todo esto, hay dos puntos que preocupan. El primero es la actitud frente al rescate militar. El gobierno sabe que las FARC matan. Que son un ejército que hace la guerra y que no tienen inconveniente en disparar contra los secuestrados. La guerrilla, por su parte, ha dejado claro lo mismo y algo más: que cualquier operativo de rescate implica el aniquilamiento siniestro de los retenidos. Además, lo ha demostrado con hechos y sangre fría. Entonces yo me pregunto, ¿para qué insistir en el rescate militar si se sabe que tendrá un final anunciado y trágico?
 
Y el segundo punto preocupante es la unilateralidad. Por una parte está la de las exigencias de los terceros a la guerrilla. Entiendo que sean actos simbólicos, pero en muchos casos, terminan generando nuevas frustraciones. Es el caso de las peticiones del gobierno francés a la guerrilla. Que envíe pruebas de supervivencia, que diga, que haga. Se crean expectativas que, frustradas, sólo dejan más desolación. Y, por otra parte, están los hechos unilaterales del gobierno. ¿Para qué ha servido la excarcelación? ¿La liberación de Granda sin condiciones? La unilateralidad, en ciertos casos, es muestra de debilidad. Y el gobierno no está débil. Pero precisamente por eso, debería tener cuidado con este tipo de actos. Todo eso hace parte de un análisis que urge hacer. El análisis de la tragedia de la guerra.

Jorge Leyva Valenzuela

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