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Valledupar,
Víctor Martínez Gutiérrez
Víctor Martínez Gutiérrez
Arcadio Martínez, un cónsul sin reemplazo…
06/05/2007

“elogiar lo que uno quiere, sólo lo comprende la intimidad de quien lo expresa”

Hoy se cumple un mes del fallecimiento del cónsul Vallenato en Barranquilla, a quien por cariño todos lo llamábamos ‘Cayo’. Aún me resulta difícil expresar públicamente mis sentimientos sobre la ausencia de quien fuera, no solamente mi hermano, sino mi guía espiritual y la persona que me dio la oportunidad de ser abogado.

Viví con él en Barranquilla, la ciudad que lo acogió durante 40 años hasta el día de su muerte. Dejar su tierra natal no fue óbice para mantener siempre vivo el Amor Vallenato, el que llevaba con orgullo, manifestándolo en su afán por promover nuestro folclor.

Dentro de este propósito, y reunido en colonia junto a muchos paisanos de la provincia vallenata y guajira, lograron institucionalizar el lanzamiento del festival Vallenato en la capital caribeña, lo que permitió que nuestros acordeones, acompañados de caja y guacharaca, se afianzaran en la competencia con otros aires, en un lugar tan cerrado para nuestra música como Barranquilla.

Cayo fue un hombre de constancia, visionario, optimista, y constructor de la vida. Reconocido como un comerciante serio y honesto, dirigente político, hasta convertirse en diputado por el departamento del Atlántico. Hombre polifacético y folclorista, demostraba su buen humor con la sonrisa espontánea, cuya expresión le permitía gozar de un carisma natural con todo el que trataba; así lo conocimos todos, cariñoso, humano, espiritual, ejemplar, nunca le escuché expresarse con odios ni con resentimientos, salvo los gritos que solían ser de su propia estatura; nunca ofendió; siempre le admiré su inquebrantable paciencia, aún las adversidades las enfrentó sin claudicar, siempre sereno y tranquilo. Así lució hasta el último día que Dios se lo permitió.

Cayo fue el eje de la Familia, integracionista y comunicador entre todos; de él quisiera compartir tantas vivencias que me dicta el corazón, pero que marchitan mi alma que lo recuerda. Quien lo conoció sabe de su lealtad, de su nobleza, apegado a sus costumbres de la vallenatía; su mano tendida en favor de sus paisanos o de quien lo necesitara le valió la distinción del titulo honorífico de “Cónsul Vallenato en Barranquilla”, cargo que ocupó de manera permanente, sin vacaciones ni licencias, y que con su partida quedó acéfalo para siempre.

¡Nadie como tu hermano¡ fuiste un misionero de la verdadera amistad y del amor a tus semejantes. Naciste para el trabajo y la alegría, para él nada era feo, todo era divino, lo que explicaba que fue un hombre feliz.

Fuiste un esposo, hermano, padre y amigo incomparable, viviste para la alegría y te ganaste el cielo, y todos sabemos que por tu condición bondadosa estás en un lugar que Dios reserva a los hombres buenos.
Gracias, hermano, por tu legado, pues sólo me queda la nostalgia por no tenerte entre nosotros por más tiempo para seguir ofreciéndote mi gratitud infinita en nombre de mis hijos Víctor Manuel, María Camila, Anita y de mi esposa “tu Mayo lindo”. Siempre te recordaremos.

Víctor Martínez Gutiérrez


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