En momentos tan duros por los que estamos pasando donde cada día podemos sumar un problema, situación que parece endémica, es necesario fijarnos metas a lograr que con tanta urgencia necesita un país como el nuestro, no sin antes advertir que nos esperan dificultades en todos los campos y mantener la confianza que podamos ver cristalizadas las esperanzas de los colombianos que se han visto afectados como consecuencia de la voluntad de las partes enfrentadas en el duro conflicto.
Hay que registrar con preocupación las incoherencias que se presentan cuando algunos apoyados en la tesis de hacer una reforma, basada además en un diagnóstico ya saturado, terminan por no hacer nada,... y es que de las frases y las declaraciones en los medios hay una gran brecha hacia la realidad. Hemos llegado a escuchar con un placer algo morboso las atrocidades cometidas, sumémosle también la indolencia de muchos. ¡Qué cansancio físico y mental nos generan los "noticiones"!
En tanto no exista un compromiso político, vamos a observar un panorama cada vez más oscuro, más pesimista y la directa consecuencia: la violencia. Con el tiempo hay menos pilares y los que aún sobreviven no tienen ninguna consistencia, ni credibilidad.
El debido proceso es una de las entidades más respetables en un Estado de Derecho, pero con este argumento no podemos seguir de espectadores a la diaria espera de las revelaciones que entregan los diferentes medios de comunicación (que además ahora son más que eso, ahora también son formadores de opinión). Situación que da vuelta cual vórtice al río, entre los poderosos monopolios de los medios y altos dirigentes del país.
Ya es hora que el gobierno empiece a hacer su labor que por norma constitucional le corresponde, aquella que lo obliga a proteger la vida, honra y bienes de sus asociados y no acudir al argumento simplista que el Estado es ineficiente, cuando todos sabemos que ese Estado es manejado por personas que llegaron ahí por su propia voluntad y por el querer de los ciudadanos. Todo el país está a la espera de una solución definitiva para cerrar y derrotar por fin el cartel de la indiferencia y terminar con los reiterados lamentos y discursos cada vez que ocurre algo.
Sé que muchos abrigamos la fe que Colombia pueda dar pasos firmes y seguros hacia un desarrollo más sólido, a pesar de las sombras que se ciernen en el horizonte cercano, no permitamos que una vez más nos gane la improvisación que caracteriza a algunos sectores oficiales... Y no se trata de hacerle cantos a la bandera, ¡nos urgen hechos, nos urgen acciones!
Julieth Carolina Araujo Ovalle