Son mis amigos, bueno, por lo menos así los considero, no se si ellos en el fondo de su corazón también me aprecien como tal.
Y como los considero mis amigos, me atrevo a llamarlos a la cordura. Es triste ver a dos buenos periodistas utilizando el don que Dios les dio, el don del buen uso de la palabra, para agredirse, defenderse, insultarse, despotricar el uno del otro y sacarse los trapitos al sol.
Y es que en los últimos días, a mi correo, como se que ha ocurrido con muchos de quienes ahora leen, han llegado escritos insultantes escritos por Galo Bravo y Alberto Castaño. Un costeño y un cachaco, ambos a mi modo de ver buenos en sus oficios, con defectos, con personalidades diferentes, pero ambos creaciones del mismo Dios y a quienes les amanece y anochece igual y respiran del mismo aire de este Valledupar hermoso.
Lo que más me ha sorprendido de ambos escritos, es la calidad con la que ejercen el oficio. Tienen talento para escribir, lo han demostrado en sus años de experiencia, y en este triste episodio, en la forma como entretejen palabra por palabra.
Lástima que lo hagan para causarse heridas que son difíciles de cicatrizar, porque a veces las palabras causan más dolor que los golpes, a los cuales, espero que este par de amigos nunca lleguen.
Me recuerdan a los topos que hay en las cárceles. Hombres talentosos, que hubiesen sido excelentes ingenieros, y terminaron utilizando su talento para construir túneles por donde evadir el penal.
Desde este espacio, y con el derecho que me da el haber sido destinatario de dichos correos, hago un llamado a la cordura, a la paz, pero ante todo al amor que Jesús nos enseñó, aunque tal vez les huela a barata religión.
¿Qué importa quien sea el mejor? ¿Qué importa quien es o no empírico o profesional? ¿Qué importa quién es ético o quién no? ¿Qué importa quién gana ocho millones y quien no? Esas son cosas que la opinión pública, y el Máximo Juez deberá sopesar algún día.
Por último, mientras ustedes colegas se gastan el tiempo y el talento en insultarse, alguien podría estarse robando el erario. Son ellos, los servidores públicos, los objetos de investigación y cuestionamiento por parte de quienes con o sin título, con o sin talento, hemos llegado a un medio, a servir de vocero de la comunidad la cual espera que al menos, no seamos el hazme reír de los otros gremios.
Un abrazo colegas, y que Dios permita que sus espíritus descansen.
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Limedes Molina Urrego