Rolando Ochoa perdió la cuenta de cuantas veces ha caído y las que debió levantarse. La fama o el reconocimiento del público, como él lo considera, la carga sobre los hombros.
“Esto es una lucha diaria. El estar vivo quiere decir: seguir luchando. Pienso que es una bonita oportunidad que Dios me brinda de poder seguir ayudando a los prospectos y Elder tiene toda la condición musical para llegar, lo sé y lo siento”. Así retrata el hijo de Calixto Ochoa, quien además de acordeonero es productor y compositor, el trance que le ha tocado vivir desde que incursionó en la música.
Debutó en 1998 con Diomedes Dionisio Díaz, hijo de Diomedes Díaz. Grabaron cuatro producciones y llegaron al top de los artistas más populares en la costa Caribe. Terminó ese proceso y llegó Ernesto Mendoza, con quien hizo dos discos y también logró posicionar su acordeón. En un lapsus y buscando nuevos conceptos, Ochoa grabó con Rafael Santos Díaz y Jorge Mario Peña.











