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Mayor de edad

El ordenamiento jurídico colombiano dispone que la mayoría de edad la logran quienes cumplan 18 años, que a la vez entran a conformar el conglomerado poblacional conocido como ciudadanía, sobre la cual, en realidad, recaen compromisos mayores, bajo el supuesto de que tales personas reconocidas como adultas ya tienen la madurez intelectual y física para actuar con voluntad propia, siempre y cuando no lo impida alguna incapacidad previamente comprobada, según lo  establecido en la legislación respectiva.

El recién pasado 3 de diciembre esta columna cumplió 18 años, porque en 1999 EL PILÓN comenzó su publicación, y debido a que en esta fecha se celebra el Día del Médico Panamericano, su texto de entonces fue una protesta pública por las pésimas situaciones económicas de los hospitales públicos y de las clínicas  privadas y por ende la mala atención prestada a sus usuarios, además denuncia la mala remuneración de los médicos, de los otros profesionales de la salud y demás trabajadores de este sector dotado de un alto presupuesto fiscal, que con la Ley 100 de 1993, algunos políticos y los empresarios patrocinadores de sus campañas proselitistas, convirtieron el servicio de la salud en un negocio lucrativo, negando atención a los pacientes, aplicando bajas tarifas a las actividades de los profesionales de la salud que, para colmo de sus calamidades, los honorarios de sus trabajos se los pagan a destiempo, a veces hay que conciliar los estipendios o recurrir a demandas judiciales contra los deudores indiferentes, lo que significa que el monto a recibir es pírrico; es decir, menos del total acumulado con tarifas demasiado bajas, de por sí impuestas por el sistema de salud puesto al manejo de inescrupulosos que solo cuidan sus intereses financieros y nunca el bienestar de los afiliados, especialmente los pobres que siempre son los usuarios mal atendidos.

Para un mejor entendimiento del drama que padecen los médicos, específicamente los especialistas en Cirugía General, expongo el ejemplo de la apendicetomía que en 1994, cuando entró en vigencia la nefasta Ley 100, su realización en clínicas privadas cada apendicetomía costaba 900 mil pesos, aclaro que en aquel tiempo los cirujanos generales en los hospitales públicos trabajábamos por salarios mensuales con todas las prestaciones legales con derecho a pensiones de vejez, sin embargo las EPS que atienden a sus afiliados a través de las IPS (privadas y públicas) rebajaron el costo de la mayoría de los procedimientos quirúrgicos en un 90 %; es decir, la apendicetomía quedó valiendo 90 mil pesos, sin ningún recargo aunque se realizara en horarios nocturnos, días festivos y dominicales, igual suerte corrieron los ginecobstetras, ya que por una cesárea  le pagaban 70 mil pesos; en fin, los subespecialistas o supraespecialistas son los mejor pagos porque en nuestro país son pocos y, por tanto, los que manejan el sistema de salud quieren masificar las subespecialidades para pagar lo que les venga en ganas y cuando quieran, sin importarles el menoscabo de la formación académica.

A pesar de estar retirado del ejercicio de la cirugía general y de la medicina de consultorio, seguiré defendiendo al gremio médico que, lamentablemente, cada día es más maltratado, especialmente si practican con esmero la deontología profesional. Invito a mis colegas a trabajar bajo los principios de la ética porque el buen cuidado de los pacientes es la razón esencial del ejercicio de la medicina tradicional.