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Maduro, el déspota vendedor de humo

Desde hace varias décadas cuando las encuestas en Venezuela ubican a la oposición como posible ganadora de las elecciones, es de todos conocidos y los analistas así lo confirman, que los gobiernos de turno empiezan a buscar enemigos externos para ganar apoyo dentro de su país. Ahora el turno es para Colombia. Se aplican las apuestas a que todo sirve para que los sufridos venezolanos dejen de pensar en las odiosas colas, en el desabastecimiento, la galopante inflación y la inseguridad que los aquejan. ¿Será que estas cortinas de humo distractoras tendrán efecto a largo plazo? Las actuales cruzadas contra el contrabando, los paramilitares y la política de control cambiario, podrían considerarse como un deber y una reafirmación dolorosa de su soberanía, pero está por verse si pisotear la relación con Colombia le sirve para recuperar votos y la confianza de su bravo  pueblo.

Hoy, nuestro país está actuando con prudencia, serenidad y diplomacia directa que es necesario en estas circunstancias. Humillar a los colombianos, poner en riesgo sus vidas, destruir sus humildes viviendas y enseres, es una actitud perversa muy cercana con lo criminal. Los organismos internacionales  deben cumplir con su deber de mediación en la búsqueda de una solución pacífica, pero no sabemos si el Gobierno de Venezuela tiene algún interés en eso. Cuando el vecino país nos está pidiendo que militaricemos la frontera,  con la actual crisis humanitaria, se está corriendo un alto riesgo de un incidente  militar que pueda afectar, con propósitos evidentes e inocultables, las elecciones de Diciembre. Maduro está utilizando una demagogia barata y trasnochada con estrategias burdas para tratar de salvar su mal gobierno signado en su fachada con la letra D.

Hoy, los países de Europa están enfrentando el gran desafío a la humanidad y siguen sin encontrar respuestas al fenómeno de la migración y sin consenso para encontrar una salida digna de esta grave crisis, que se convierte en una voz de alerta para situaciones similares en América Latina. En Colombia, las actuaciones y la crueldad del régimen despótico de Maduro han despertado vigorosos sentimientos de unidad y solidaridad que van más allá de las fronteras. Hemos entendido que debemos acompañar las decisiones  adoptadas por nuestro Gobierno y esperamos confiados que la diplomacia con firmeza sea el camino adecuado para llevarnos a una solución eficaz, en escenarios serenos y constructivos,  que nos permitan estudiar seriamente las soluciones fronterizas sin dejarnos arrastrar por las provocaciones de un presidente inmaduro que está abrumado por sus problemas internos. Este ambiente de unidad en el país está abriendo las puertas y las condiciones admisibles para suscribir el acuerdo de paz con las fuerzas insurgentes. ¿Quién asesora y quién ronda a Maduro?

Gustavo Cotes Medina