Los primitos

“Que les cuadre o no les cuadre, prestar libros, ni a tus padres”. Famoso refrán mexicano que nos recuerda “libro prestao, libro regalao”.

Aún con todos estos antecedentes y a pesar de que al perro no lo capan dos veces, yo de pendejo no me doy y lo hacen a cada rato, especialmente mi querido primito Alfredo Martínez Mejía, cuando con carita “de yo no fui” venía a pedirme votos y colaboración en las aspiraciones de su hijo Joaco al Concejo y Asamblea y después de elegido jamás se acordó de los compromisos, de nada, pero eso no importa estoy vivo y de pronto aguante otra visita de Fello y Joaco con sus caritas de ángel.

Pero bueno, “que le cuadre…..” me recuerda cuando El Panita, famoso personaje vallenato me preguntó si yo tenía un libro que se había agotado y cuando le dije que sí, con esa destreza que él manejaba, me pidió que se lo prestara para sacarle unas copias y venderlas. Fui a mi casa y se lo traje y de delante de La Mona del Patacón Pisao se lo entregué y ella sentenció: se perdió. Fue verdad que no los volví a ver, el libro para siempre y a José Guillermo por unos días mientras me pasaba la rabia, pues a él todo se lo perdonábamos.

Otro día le presté un libro a otro primito y se lo dediqué así: “este libro, léelo bien, es prestao, no regalao, me lo devuelves o de no, no te presto más nunca nada”. ¡Qué va! Por un oído le entró y por el otro le salió, el muy fresco, leyó y releyó la nota, pero se quedó con el libro.

Carlos Quintero “El Agraciado” me prestó un libro interesantísimo sobre las aventuras amorosas de Simón Bolívar que fueron muchas y los hijos que dejó regados en esas andanzas, lo leí con deleite y se lo comenté al primito de la dedicatoria y la noche que lo iba a entregar a Carlos en la agradable, sana y fructuosa tertulia de Johnny Pérez y el Doctor……casi digo el nombre, mi primito lo comenzó a hojear y también a ojear con tanto deleite, que me ablandó y le dije: tú sabes que ese libro es de Carlitos, léelo y se lo entregas a él, pero como Johnny y Pacho Fuentes también querían leerlo se comprometió a pasárselo y de eso fue enterado el dueño que muy cordialmente dijo que sí y ¿saben lo que pasó?, que mi primito muy tieso y orondo con la mayor tranquilidad del mundo días después le dijo a Charles, que comprara otro libro que era muy barato, porque él ese no lo iba a soltar.

Fui a La Panamericana y a otras librerías de la ciudad a buscarlo, pero está agotado, pero el Doctor Luciano Aponte, otro primito que tanto quiero, quedó en mandármelo y lo estoy esperando para releerlo, escribir sobre su protagonista y devolvérselo al Agraciado.

Ojalá que El Chileno en su morada celestial lea este comentario para que llame a su bella Leo y me entregue Ruido de Sables y Rodolfo Campo aquí en la tierra haga lo mismo y me devuelva el libro de Pambelé que lo estoy necesitando.

José Manuel Aponte