La Fundación del Festival Vallenato en contravía de la Unesco

Es absurdo descalificar la figura de Carlos Vives para recibir un homenaje en el festival de Valledupar, si él tiene todos los méritos para esta distinción, no solo por ser el gran publicista del vallenato en los últimos años y su resonancia internacional, sino también por su impecable hoja de vida y carismática personalidad que a todos encanta, pero creo que no es este el momento indicado, cuando el clamor general de los que quieren el folclor vallenato, que hoy son casi todos los colombianos, señalaba los nombres de Nafer Duran, Jorge Oñate, Alberto Fernández y Alfredo Gutiérrez, quien si bien es cierto en alguna ocasión cayó en lo comercial, después retomó el camino de la tradición ganando la corona en tres festivales y dos concursos mundiales de intérpretes de música folclórica con acordeón en Alemania, uno en 1991 y otro en 1993 en las ciudades de Colonia y Berlín, respectivamente.

Hay un concepto muy claro de los señores de la Unesco al establecer diferencias entre lo que es folclor vallenato y música vallenata. El primero en su expresión original, pura y auténtica que enmarca la tradición como son la cumbiamba o merengue, la parranda y el Festival Vallenato conservando los cuatro aires interpretados con acordeón, caja y guacharaca y en otros eventos con guitarra; es esto lo que quiere proteger y conservar la Unesco, pero no, léase bien, no la música vallenata que es la expresión folclórica manipulada en estudios de grabación al incorporarle instrumentación ajena o la primitivo, que ya publicitada y comercializada pasa a ser música popular y es allí donde se ubican las casetas, los conciertos y espectáculos similares, y es en este orden de idea que la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata va en contravía con los postulados de la Unesco.

La Fundación le está apostando al futuro y su perspectiva es comercial, pues parece que solo lo interesara lo económico, o se le olvidó acaso que a los juglares de ayer les tocó una época mucho más difícil que a Vives y que el esfuerzo y sacrificios que hicieron ellos para sacar el folclor vallenato del campo y llevarlo a la ciudad es el gran antecedente de Carlos Vives. Aquí no cabe comparación alguna porque son diferentes momentos en la historia, pero si vale la pena recordar lo escrito por Luis Elquis Díaz en este diario, en su columna del ocho de julio del presente, al sentenciar: “mantener la esencia tradicional es una consigna inmarcesible que debe cargar sobre sus hombros la Fundación del Festival de la Leyenda Vallenata”. Los miembros del PES, el plan disque de salvaguardia están agazapados en la trinchera de la indiferencia cuando deberían estar ladrando por la indignación de este atropello, pero parece que solamente a Rosendo Romero con su habitual lucidez le interesa opinar sobre el tema.

Surgen aquí figuras de una tradición que canta, compone y ejecuta el acordeón, como Ovidio Granados que artesanalmente produce tonalidades en el acordeón que no han podido hacer los alemanes, ‘El Turco’ Gil, quien da su vida para que los niños aprendan como es, ‘Chema’ Ramos con su acordeón campesino con aromas a malanga y dominico de la sierra montaña y Nafer Durán, el ultimo exponente de la recia casta de juglares paseros, que con sus cantos de vaquería amansaban las manadas de novillos cimarrones, solo por citar algunos de los pocos que nos quedan. Es incuestionable que sin ellos, Vives en el mundo vallenato no existiría; cuando el apareció en el panorama, estos ya tenían más de cincuenta años de estar luchando por la noble causa del folclor vallenato; no sería extraño pues conociendo las excelsas calidades humanas de Carlos Vives, su claridad mental, su desprendimiento y generosidad, decidiera declinar a tan honrosa distinción para darle paso al sentimiento y al clamor del pueblo vallenato. ¡Esto sería un gesto del carajo!

Por Julio Oñate Martínez