La Colombia Humana

Estamos a pocos días de decidir el futuro de Colombia, tamaña responsabilidad, que ojalá, se haga limpiamente en las urnas sin interferencias exógenas, así debe ser la democracia. Nos preocupa el cúmulo de atajos perversos que operan en los procesos electorales del país; el reciente caso de la reclamación positiva del Mira, partido al cual le habían escamoteado tres curules, es altamente preocupante, en especial para quienes no tengan dolientes en la Registraduría y Consejo Nacional Electoral, dos organizaciones cuestionadas.

La lucha por el poder es tenaz, los intereses que se mueven no tienen límites ni escatiman procedimientos ni estrategias por maquiavélicos que sean. La falsa noticia y la desinformación orientan la campaña; los medios audiovisuales no son objetivos y están alineados en torno a candidaturas específicas, el amarillismo ha sido su estilo; en las redes sociales ni se diga. Lo cierto es que estamos en un punto de inflexión: o avanzamos hacia un país en democracia y en paz, con profundas transformaciones sociales y económicas, en el cual se pueda cerrar la brecha aproximándose a la justicia social, o nos mantenemos en el statu quo involutivo y perverso, de privilegios para unas pocas familias, de manipulación emocional y engaño.

Tendremos que decidir, no entre la izquierda y la derecha, sino entre la vida y la muerte, entre la justicia y la inequidad social, entre las buenas prácticas de gobierno y la corrupción, entre la alternabilidad democrática y el continuismo, entre un modelo que defienda formas alternativas de producción y creación de riquezas, conservacionista del agua y defensor del medio ambiente, y otro modelo extractivista y contaminador, destructor de la agricultura y del empleo.

Hemos tenido unos 114 presidentes en los 200 años de vida como república, cinco en los últimos 30 años, pero los avances son insignificantes y regresivos; hoy somos el tercer país más desigual del mundo y el primero en inequidad agraria; desde afuera nos miran como parias e inviables. Del lado del continuismo se ubican Duque en cuerpo ajeno y Vargas monárquico, dos herederos del establecimiento, adalides de la guerra y de la muerte. Al frente está Petro defensor de la vida y de las oportunidades de cambio. En el medio, como distractores, se encuentran De La Calle y Fajardo.

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