“La base de la vida es la educación”: Rolando Ochoa

Rolando Ochoa es dueño de los estudios de grabación R8 Sounds, ubicados en el barrio Las Delicias de Valledupar.

Rolando Ochoa, hijo del juglar Calixto Ochoa, es catalogado hoy como el mejor acordeonero en la música vallenata, no solamente por su magistral manera de interpretar el instrumento, sino por su condición de compositor, empresario y líder.

“No me ha tocado fácil”, dice este hombre nacido en Sincelejo, Sucre, pero reconoce que esa lucha le ha servido para aprender y mejorar. Actualmente es el modelo a seguir de muchos jóvenes que comienzan a emerger con el acordeón. A ellos, el excompañero de Martín Elías Díaz, Silvestre Dangond y otros cantantes, les deja un claro mensaje, que ojalá –argumenta-, pueda servir como una pequeña lección aprendida a través de lo experimental, así como también en las bases educativas y el respaldo dado por sus familiares.

EL PILÓN: Rolando Ochoa, ejemplo para los nuevos talentos en el acordeón. ¿Qué significa eso para su vida?
Rolando Ochoa: Es una gran responsabilidad porque los niños y algunas personas miran tu modo de vida, cómo te has superado y todo lo que has tenido que pasar, eso se convierte en algo interesante y a la vez me llena de orgullo. Lo que estamos haciendo causa admiración en esas promesas que van saliendo adelante, creciendo en la música. Es bonito saber que un día soñé ser ejemplo para las otras generaciones que vienen y lo estoy logrando.

¿Qué recorrió usted para ser hoy un referente, de los más importantes, en la industria de la música?
Comencé estudiando mi primaria, terminé mi bachillerato y ahí siguió una larga carrera de altos y bajos, donde me tocó luchar mucho en medio de tantas cosas, pero nunca, a pesar de los trabajos que pasé, los viví amargado; siempre hubo una sonrisa y un gracias a Dios. Nunca renegué, cuando mi mamá hacía galletas o panes y me pedía que los llevara ‘Al Batazo’ (tienda) en Sincelejo, yo cogía mi tula y me iba, la única rabia era cuando estaba jugando fútbol (risas), no lo entendía en ese momento, pero cuando ya me tocó salir del seno de mi papá e irme a guerría con mi mamá solos, ahí sí entendí que no era un juego porque si no se trabajaba se pasaba necesidad. Nunca nos acostamos sin comer, gracias a Dios había un arroz con huevo; no vivíamos en las mejores casas, era dormir seis en un solo cuarto con un techo muy bajo, pero en medio de todo había una sonrisa: como familia fue una fortaleza muy bonita. El Señor nunca nos dejó solo, en medio de lo poco Dios se glorificaba con algo.
Hubo mucha lucha, pero tampoco para inspirar lástima, lo digo porque hay muchos jóvenes que ven la situación difícil y ya, se quedan tirados porque alguien les cerró una puerta; le creen más a esa persona que al que le dio el talento y créeme que una persona cuando Dios le da un talento no es para dejarlo estancado. No paso a creer que con el talento que Dios me dio vaya a pasar necesidades porque un ser humano, como yo, me lo diga, y ese es el error donde caen muchas personas, pretenden depender de otros en la Tierra. Nuestro don tiene que ir acompañado de la fe, no podemos echarlo a un lado.

Primero se hablaba de ‘Juancho’ Rois como ejemplo y hoy se le mira usted como sucesor. ¿Cómo hace para no caer en la monotonía de la música?
‘Juancho’ Rois se adelantó a lo que hoy se está tocando. Cuando empezó imagino lo trataban de loco, pero no se daban cuenta que estaba creciendo un monstruo. Uno tiene referentes, por ejemplo, yo tenía a mi papá que era un hombre muy versátil y agregué a ‘Juancho’ Rois, no me puedo quedar en el estilo de ‘Juancho’, debo abrirme a lo mío, por eso dije que uno para dejar historia tiene que abrirse a lo de uno, eso ha dado resultado en pases como ‘la misión del deber’ (con Silvestre Dangond), que incluye cosas sinfónicas; pasa igual en lo hecho por ‘Juancho’ De la Espriella que para mí fue una bonita enseñanza: ¡guao! Yo podía sentir esa melodía de ‘Juancho’ cuando trabajaba con Silvestre y tocaba lo que él había hecho. Claro que yo nada más tuve una sola oportunidad y fue ‘La Novena Batalla’, por eso dejar toda una historia en un solo CD es valedero, también tengo lo hecho con ‘El Mono’ Zabaleta y por supuesto Martín Elías, ya como R8, como Rolando Ochoa. El referente es para coger el impulso, de ahí para allá hay muchas cosas para crear y la música es infinita.

Directores de emisoras en Colombia se quejan de que no están grabando vallenato, tradicional, usted juega un papel importante porque viene haciendo otras cosas. ¿Cuál es su análisis?
¿Tengo que limitarme a tocar en los años 70 para que digan que es vallenato? pero entonces graban así y tampoco te escuchan los pelados, te pasan la cuenta de cobro. Por mucho que los medios quieran imponer lo que debemos grabar, los pelados hoy en día oyen lo que les da la gana, a los pelados no les impone lo que van a escuchar, sino lo escuchan en una emisora se van a un computador. Las emisoras son nuestro respaldo y son importantes, pero cuando no encuentras respaldo en ellas te toca salir a la calle, no te puedes dejar morir de hambre cuando estás haciendo las cosas bien. Es lo que más duele a veces, hacer unos buenos productos y no encontrar respaldo.

¿Qué tanto influye hoy la academia, los estudios, en la música?
Lo empírico es de Dios. Yo, por ejemplo, soy un acordeonero que me dicen busca un tono en tal acordeón y no puedo encontrarla, eso lo hace Julián Rojas u Omar Geles, eso viene con ellos. Yo soy todo lo contrario, le preguntan por el tono FA y te puedo buscar una bolsa de detergente (risas), porque no sé eso, no sé las tonalidades en un solo acordeón. Hay músicos de músicos, como Sergio Luis Rodríguez y Christian Camilo Peña, que son caballos de paso fino en el acordeón. Yo me considero un músico raso. Toco lo que siento. Mi manera de expresarme es otra, lo hago cuando me nace, porque puedo dejar de hacer canciones hasta dos meses, pero a veces empieza un cosquilleo en mí y busco la grabadora: me tengo que sentar en una parte donde esté solo y en un día puedo hacer cuatro canciones, con música, letra y arreglos, todo.
Lo empírico puede fusionarse con el estudio y es mejor, en mi caso no busqué ayuda porque inicié muy tarde: a los cuatro o cinco años sacaba canciones, pero profesionalmente entré casi a los 15 años y el resto ya eran unos tigres.

Un consejo a los niños y jóvenes que actualmente lo ven como el más grande anhelo en el acordeón.
Que ellos deben entender que la base de la vida es la educación, cuando creces sin educación tienes un hueco enorme, que se te puede llenar de muchas cosas, buenas o malas. Mi consejo es: primero cumplan con la familia, cumplir es verse realizados como bachiller para después poder enfrentarse a otras cosas. Si hay malos cimientos, sin el estudio, serás endeble en un mañana, te convertirás como una galleta de soda que te quiebras con cualquier cosa, cuando tú estudias y llevas una buena base familiar y llegas a tener fama, si Dios te lo permite, entonces te volverás fuerte porque todo lo aprendido te servirá para la carrera de la música, porque todo lo aprendido en el colegio, en la casa, todo eso lo mantiene a uno con buenas raíces ante la carrera musical, que no es fácil porque trae sus decepciones y alegrías, como toda carrera. Hay que tratar, en lo máximo, de no apartarse de las cosas buenas y el colegio siempre te siembra buenas cosas, una formación que te ayuda a relacionarte.

¿Cómo marcha la Fundación Escuela del Poder?
Firme. Esa fundación yo le trabajo sin ayuda del Estado, no me gusta pedirle ayuda a nadie. Le tengo una nómina como si fuera un músico más, de lo que me gano saco un porcentaje y se lo entrego a mi hermana que la lidera, con los fondos en medio de lo poco o mucho ayudamos a algunas familias, niños y trato de tenerles en diciembre sus juguetes. Es una bonita labor y esperamos que Dios nos siga dando trabajo para seguirla manteniendo.

Por Carlos Mario Jiménez
Carlos.jimenez@elpilon.com.co