Juglares y trovadores de la edad media

Los compositores vallenatos, los cantantes, son juglares.

La palabra juglar se menciona en castellano por primera vez en 1116, época en la que aparecen los juglares en León, según afirma Ramón Menéndez Pidal en un estudio que realizó, titulado “Poesía juglaresca y orígenes de la poesía romántica” (1957).

La palabra juglar viene del latín jocularis, joculator, adjetivo relacionado con el entretenimiento, juego y placer, que se deriva como un sufijo-aris de ioculus (pequeño placer o juego), diminutivo de iocus (entretenimiento, juego de palabras, placer, chanza, bromas). Jocus es juego.

La primera definición de juglar en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española es chistoso, picaresco. El diccionario juglaresco define juglar como hombre que, por dinero y ante el pueblo cantaba, bailaba o hacia juegos y truhanerías.

Por su parte, el semiólogo francés Patrice Pavis acoge el sentido de equivalencia que se le da a juglar y malabarista en muchos países europeos: “bateleur” en francés; “juggler”, en inglés; y “gaukler”, en alemán. De ahí que juglar sea, en el medio histórico-medieval, un término genérico en el que se incluyan farsantes, charlatanes, saltimbanquis, feriantes, acróbatas, incluso, barberos, dentistas y amaestradores de animales.

Los juglares comúnmente eran de origen humilde y normalmente tenían éxito con las actividades en las plazas públicas de las poblaciones de aquella época, su espectáculo incluía música, acrobacia, juegos de azar, cantos, recitaban poemas de grandes trovadores, actos cómicos, imitaciones, actos de crítica y picardía, eran bufones, saltimbanquis, acróbatas amaestradores de animales, adivinadores de la suerte, usaban disfraces grotescos o ropas llamativas, cuando tenían mucho éxito usaban ropas elegantes. La actividad del juglar era lo más parecido a un grupo circense porque iban de una población a la otra, los de mayor habilidad y éxito eran llevados a las altas cortes para los grandes banquetes de los reyes, existían juglares solitarios, el cual iba de fiesta en fiesta, juglares cortesanos, los cuales se convirtieron en los bufones de la comedia del siglo de oro. Existen otras categorías de juglares.

Trovadores: El verbo trovar viene del provenzal “trobar”, que deriva del latín “trope” que significa canción y el sufijo “-dor”, que indica gente. Trovador es el que trova. (Hay quienes sostienen que en latín no existe la palabra “Trope”) cantaban en una variante lingüística del provenzal llamado “Occitano”. El provenzal es un idioma que hablaban los poetas cantores del sur de Francia y en el norte de España. En aquella época los trovadores se enfrentaban con temas variados en donde la métrica era lo fundamental.

Normalmente los trovadores cedían sus obras a los juglares obviamente para que estos las popularizaran, comúnmente el trovador era rico y el juglar generalmente pobre de extracción humilde, el trovador tenía como atrio para sus actuaciones las altas cortes, el juglar la plaza pública. El trovador llevaba mensajes políticos, poemas y canciones románticas, su origen es en el sur de Francia, también se dio en España, Alemania e Italia.

Tolosa era el centro más importante de la cultura trovadoresca, los trovadores normalmente viajaban grandes distancias, ayudando a la transmisión de noticias entre una región y otra, aparecieron en el sur de Francia a finales del siglo XI, el primer trovador conocido fue Guillermo de Pontiers, duque de Equitania, nacido al sureste de la Francia actual, fue famoso en toda Europa, sus canciones las basaba en poesía amorosa, incursionaba haciendo propaganda política.

Entremos en materia vallenata, francamente yo no sé quién y sin ninguna misericordia le puso el nombre de Juglar a nuestros pioneros del acordeón, lo cierto es que la palabra es bonita y nos gustó, igual que ese cuento de que los himnos no se pueden aplaudir, o sea los himnos resultaron más sagrados que Dios, tu pides un aplauso para Dios y todos aplauden y si alguien aplaude cuando termina nuestro himno, la gente sopla con sus dientes cerrados y los labios abiertos shiissss. ¿De dónde sacaron eso? Ya yo empecé a aplaudir cada vez que termina el himno nacional y los que me miran no me importa, los ridículos son ellos, otra babosada, con todo el respeto para los que han compuesto himnos, yo compuse uno para un colegio en Ibagué. Pero, la verdad es que estos deben ser para nosotros los vallenatos en aire de paseo, merengue y son, si claro, algunos se van a rasgar las vestiduras, y van a considerar esto un atropello, un sacrilegio ¿Contra qué compadre? No me importa. Pero, porque tienen que ser con modelos europeos y no suramericanos. ¡No más himnos en marchas! eso es europeo, no sigamos arrodillados ante ellos, son gente igual que nosotros.

Nuestros juglares vallenatos, gustaban de echar chistes, tocaban por dinero, y amenizaban las fiestas de los grandes señores potentados, viajaban de pueblo en pueblo, eran de extracción humildes. Pero, en relación con las otras actividades se quedaban cortos, gracias a Dios, por lo que se ve, los juglares de Provenza eran tramoyeros (Truhan- farsante) adivinadores de la suerte, bufones, saltimbanqui, sacamuelas, tocaban algún instrumento.

Creo que la similitud que se rescata para establecer el paragón y darle el gorro de juglar a los nuestros es el asunto del arte del verso, las canciones, los poemas de amor, político, picarescos y las noticias que aporta el trovador, puesto que el juglar era un cirquero interprete del poeta.

Cabe aclarar que nuestros primeros acordeonistas del Magdalena Grande reunían las dos características, eran juglares y trovadores, es decir, ellos cantaban, componían, iban de pueblo en pueblo y tocaban el acordeón.

Según lo que yo he entendido, porque nosotros los vallenatos damos por sentados algunos modelos sin estar bien tratados y seguros en ninguna parte; solo por nosotros somos así, nos gusta la idea de que creer que sabemos mucho de la metería, de tal forma que nos preguntan que es la música vallenata y hacemos un chorizo de opiniones extensas y no decimos que es una música que tiene cuatro aires y ya, eso es todo. La verdad es que no tenemos un tratado del asunto vallenato que explique todo ese modismo, palabras y prácticas muy nuestras, tan originales como nuestra música, se diría que para nosotros un juglar es aquel que existió en la segunda mitad del siglo XIX y primera mitad del siglo XX (100 años de eso), a partir de los sesenta aparecen los artistas del acetato en masa, porque ya los primeros habían puesto las primeras piedras. Es decir, un juglar vallenato sería: Un acordeonista, verseador, cantante y compositor, que iba de pueblo en pueblo montado en su burro o mula, llevando las noticias en sus canciones, recogiendo inclusos nuevos cantos para su repertorio, según esto los juglares se acabaron ya, no hay más, ya pasó la época. Eso equivale a decir que el amor ya no existe porque se murieron Romeo Julieta; o que los escritores se acabaron porque ya no están Miguel Cervantes Saavedra, Shakespeare, Alejandro Dumas, Víctor Hugo, Fiodor Dostoyevski Julio, Verne, Osca Wilde, Gabriel García Márquez, Amado Borges. etc.

Según Gabriel Jiménez Emán, poeta, ensayista, compilador y traductor destacado en el ámbito de la narrativa poética, nacido en Caracas, Venezuela, Joan Manuel Serrat, Facundo Cabral, José Feliciano, Simón Díaz, Mercedes Sosa, Bob Dylan, Vinincius de Mora, Pablo Milanés, Violeta Parra, son juglares.

La pregunta del millón es ¿Después de hacer el análisis completo de todo esto, por qué Carlos vives no es un juglar? El origen de la palabra juglar favorece abiertamente a Carlos vives, puesto que es un intérprete de nosotros los trovadores.

El juglar era un intérprete y el trovador un cantautor, que normalmente le dabas sus canciones y poemas al juglar para que este las popularizara, ¿Qué fue lo que hizo Jorge Oñate con mi canción ‘Noche sin luceros’ y que fue lo que hizo Carlos Vives con la misma canción? Como decía el filósofo de Carrizal, La Junta: Se las dejo ahí.

Por Rosendo Romero Ospino