Fecha 04 febrero 2012



Zuleta y el Cura de Calamar
Julio_C._Onate_M.
Por: Julio C. Oñate M.






Por: Julio Oñate Martínez.

Calamar, en el departamento de Bolívar, es un puerto fluvial sobre el rio Magdalena que celebra sus fiestas patronales el 19 y 20 de marzo cada año. En el 2010 el principal atractivo de la fiesta era la presentación de Poncho Zuleta y su conjunto en la plaza del pueblo, evento que patrocinaba la alcaldía municipal.
El 20 por la noche el gentío era impresionante, pues de los pueblos circunvecinos llegaban Zuletistas a dos manos para ver y aplaudir al ídolo de multitudes. Al arrancar la tanda de pronto se paró la música y subió el párroco dirigiéndose al público: hijos de Calamar, como todos ustedes lo saben en este momento se ha paralizado la reparación de la iglesia por falta de recursos, las paredes están raspadas pero no se ha podido repellar ni pintar por que la parroquia se quedó sin un peso, entonces así como ustedes tienen para el ron, la parranda y la diversión espero que tengan también para colaborar con el arreglo del templo.
De inmediato Zuleta que como es sabido de todos generosamente siempre enfrenta estas causas nobles imaginándose que la pintada de la iglesia no costaría más de quinientos mil pesos le dijo al cura, padre permítame asumir el costo de la pintada que yo con mucho gusto le hago ese regalo al pueblo de Calamar. El presbítero sorprendido le comento, la verdad Poncho es que me apena que tú te vayas a hacer cargo de ese gasto, pues siempre es una buena plata, pero dígame cuanto es le insistía Zuleta pensando en los quinientos mil que en ese momento los tenía en el bolsillo. Sin otra opción el cura le dijo, bueno mira me han cotizado el arreglo en nueve millones de pesos y de una le ordeno Zuleta al Cocha Molina que siguiera tocando, ¿cuál? pregunto el Cocha, cualquiera le respondió el.
El conjunto arrancó nuevamente Joaco Guillen le dijo al padre que al terminar la tanda cuadraban los detalles para la consignación del billete. Finalizando el toque Zuleta velozmente bajo de la tarima y se metió dentro del bus  advirtiéndole al chofer: a nadie me deje subir y si es el cura mucho menos. Poco después llegó el hombre de la sotana tocando la puerta del termoking pero el conductor lo despacho negando que Zuleta estuviera dentro. Guillen salió entonces en defensa de su patrón y le tomo al sacerdote los datos de la cuenta bancaria para enviarle el dinero, según las instrucciones de Poncho.
Algunos días más adelante el celular de Joaco repicaba insistentemente en el afán del cura por averiguar qué había pasado con la consignación que no aparecía, pero Guillen no le volvió a contestar. Por otra parte, en el teléfono de Zuleta que lo canceló por un tiempo apareció un mensaje del cura donde le decía: Poncho yo se que tú me mandaste la plata pero el manager ese que tienes tu, no es sino un pícaro, ladrón y sinvergüenza que se la quiere roba, hasta ahora no he recibido ni un peso.
El tiempo pasó y las cosas quedaron así.
Si hay algo que derrite a Zuleta y lo pone como mantequilla en bollo caliente es el anticipo que recibe por los contratos para actuar en casetas y conciertos pues siempre aparecen cada vez que el andaba con el bolsillo pelao. Se acercaba nuevamente las fiestas de Calamar y eufórico le informo Guillen: Oye Zuleta la alcaldesa de Calamar tiene listo el anticipo para que vayamos este año otra vez; el necesitaba esa plata con urgencia pero rascándose la cabeza le dijo, Joaco antes de recibir este anticipo averíguate primero si ya al cura ese lo trasladaron, porque lo que es la iglesia del pueblo todavía debe estar raspá. Ese año la gente de Calamar se quedó con las ganas de oir nuevamente cantando a Poncho Zuleta.






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