Acaba de efectuarse la versión 36 del Festival Cuna de Acordeones de Villanueva Guajira y los informes, comentarios y balances que me reportan no son precisamente los mejores, sin duda este festival hasta hace muy poco tiempo ostentaba el segundo lugar en importancia de todos los festivales vallenatos del País, pero en el último lustro viene de tumbo en tumbo y hoy hay que decir que se encuentra en cuidados intensivos y con pronóstico reservado.
Pero si queremos encontrar algún consuelo, este no es el único; la gran mayoría de festivales atraviesan por la misma crisis y algunos ya murieron y los enterraron, luego la pregunta clave es: ¿Dejamos que las cosas sigan por ese camino o hacemos algo para salvarlos?
Soy de aquellos que piensa que los Festivales Vallenatos son el polo a tierra de nuestro folclor, que ellos se encargan no solo de difundir, promover y promocionar las nuevas figuras, sino especialmente de preservar las raíces y la autenticidad de lo que nos ha dado en el último siglo la identidad cultural y gran parte del soporte económico de nuestra región, por eso debemos mantenernos celosos y ser guardianes implacables de todo lo que atente contra ese acervo inmaterial que Dios nos ha encomendado.











