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In memoriam de Crispin Villazón de Armas

Quiero preceder mis palabras, deshilvanando un hilo conductor histórico: Cuando mi padre murió, a quien Crispín admiró y quiso mucho, escribió para el periódico EL PILÓN un cálido artículo intitulado: “Ha muerto el último hidalgo”. Ese escrito ahora renueva mi alma. Nuevamente muchas gracias, gran Crispín. No obstante su inteligencia privilegiada, era un hombre extremadamente […]

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In memoriam de Crispin Villazón de Armas

In memoriam de Crispin Villazón de Armas

Por: Rodrigo

@el_pilon

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Quiero preceder mis palabras, deshilvanando un hilo conductor histórico: Cuando mi padre murió, a quien Crispín admiró y quiso mucho, escribió para el periódico EL PILÓN un cálido artículo intitulado: “Ha muerto el último hidalgo”. Ese escrito ahora renueva mi alma. Nuevamente muchas gracias, gran Crispín.
No obstante su inteligencia privilegiada, era un hombre extremadamente llano y concreto; y así confían ser estas palabras, familiares, y breves.

Desde muy jóven tuvo un talento singularmente lúcido, que le permitió interesarse por la vida pública del país, primero como hijo del antiguo departamento del Magdalena y luego como padre co-creador del departamento del Cesar. De aquél había sido Secretario del despacho de la Gobernación y Representante a la cámara, senador de la República y Secretario General del Senado. También fue alcalde de Valledupar. Ministro del despacho presidencial. Embajador de la República. Muere siendo directivo de la Federación Nacional de Cafeteros, destino que desempeñó sin duda, sobre todo, inspirado por su amor a la patria chica, amor muy grande, Pueblo Bello y a su finca cafetalera La Carolina. Como hombre de pensamientos y acciones en favor de sus conciudadanos, dan fe los respectivos anales administrativos.

Tengo predilección por pensar sobre todo, a aquel periodo de su vida en el que fue líder, el primero al frente de los estudiantes universitarios que combatieron y derribaron el gobierno militar de hecho del general Gustavo Rojas Pinilla. En esas jornadas memorables y gloriosas, el país tuvo la oportunidad de observar, admirar y aplaudir la inteligencia brillante y el verbo elocuente del jóven valduparense, y desde entonces nunca más el país ha vuelto a tener un gobierno militar.

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