Con los anuncios ministeriales del presidente electo comenzaron a llover aplausos, rayos y centellas, de acuerdo a la inclinación política de cada quien, olvidando que el grupo de colaboradores del gobierno que próximamente comienza, únicamente va a reflejar el mandato que el pueblo les otorgó en las urnas en las pasadas elecciones.
No comprendo las quejas porque el conservador Guillermo Botero podría ser el nuevo ministro de Defensa, si desde el año 2003 que tomó las riendas de la Federación Nacional de Comerciantes lideró el apoyo gremial a las políticas económicas de Álvaro Uribe, luego criticó fuertemente las de Santos y en la campaña política echó mano de todos los medios para rechazar con vehemencia la aspiración de Gustavo Petro. Debe ser por eso que jocosamente dicen algunos uribistas, ¿acaso querían en ese cargo a Iván Márquez?
Caso parecido es el de Alberto Carrasquilla, próximo líder del Ministerio de Hacienda y Crédito Público. Aplaudido por su preparación académica y experiencia laboral, pero tristemente célebre por la frase, “en Colombia el salario mínimo es ridículamente alto”, contraria a los intereses del ciudadano de a pie, quien también ve frustrada la ilusión de percibir algún alivio fiscal como lo hacen los poderosos empresarios, al declararse el ex y nuevo ministro, enemigo de las exenciones tributarias a las personas naturales. Sobre pensiones no hablemos.





