Ejercicio en niños mejoraría el rendimiento escolar

Los padres deben animar a sus hijos a practicar una variedad de actividades para que puedan trabajar estos tres elementos.

Cuando la mayoría de los adultos piensan en hacer ejercicio, se imaginan entrenando en un gimnasio, corriendo en la caminadora o levantando pesas. Pero, para los niños, hacer ejercicio significa jugar y estar activos físicamente.

Los niños hacen ejercicio en las clases deporte en el colegio, a la hora del recreo, en las clases de baile o en los entrenamientos de fútbol, cuando montan en bicicleta o cuando juegan al escondite.

Aparte de disfrutar de las ventajas del ejercicio físico regular sobre la salud, los niños que están en forma duermen mejor. También son más capaces de afrontar los desafíos físicos y emocionales, desde correr para que no se les escape el autobús hasta estudiar para un examen.

Si ha observado alguna vez a un grupo de niños jugando en un parque, habrá visto los tres elementos de tener una buena forma física en plena acción cuando: se escapan de quien les persigue en el escondite (resistencia), se desplazan por las barras metálicas colgándose de los brazos (fuerza) y se agachan para atarse los zapatos (flexibilidad).

Los padres deben animar a sus hijos a practicar una variedad de actividades para que puedan trabajar estos tres elementos.

La resistencia se desarrolla cuando un niño participa con regularidad en actividades aeróbicas. Durante el ejercicio aeróbico, el corazón bombea más deprisa y se respira con más intensidad. Cuando se practica con regularidad y durante períodos de tiempo largos, la actividad aeróbica fortalece el corazón y mejora la capacidad del organismo para llevar oxígeno a todas sus células.

Desarrollar la fuerza no significa necesariamente levantar pesas. En lugar de ello, los niños pueden hacer flexiones, abdominales, dominadas y otros ejercicios que ayudan a tonificar y fortalecer los músculos. Los niños también mejoran la fuerza cuando trepan, hacen la vertical o luchan.

Los estiramientos ayudan a mejorar la flexibilidad, permitiendo que músculos y articulaciones se flexionen y se muevan fácilmente, cubriendo toda la gama de movimientos. Los niños tienen oportunidades para hacer estiramientos cada día, cuando intentan alcanzar juguetes, se abren de piernas o hacen volteretas laterales.

De acuerdo a un estudio realizado durante 9 meses que incluyó a 221 niños con edades entre 7 y 9 años elegidos al azar para participar en un programa de actividad física o para ser asignados a una lista de espera para el programa de actividad física (grupo control); los investigadores determinaron que el ejercicio es un factor que contribuye al incremento en el control ejecutivo en el cerebro de los niños con trastorno de déficit atencional con hiperactividad que participaron en el programa.

En el estudio se midieron cambios en la aptitud física, actividad eléctrica e incremento en el control ejecutivo del cerebro. El control ejecutivo ayuda a inhibir las distracciones y a incrementar el enfoque, la capacidad de moverse fácilmente de una tarea a otra (flexibilidad cognitiva) y la capacidad de recordar hechos recientemente aprendidos y de llegar a conclusiones con respecto a esos hechos (memoria de trabajo).

En el estudio se recomienda que las clases de actividad física formen parte regular de los días lectivos ya que el resultado sería no solo el incremento del rendimiento físico y aeróbico, sino también tendría un efecto positivo en áreas como lectura y matemáticas, ambas dependientes de un eficiente control ejecutivo del cerebro.

Existen por lo menos dos estudios más que respaldan estos resultados, demostrando que 30 minutos de actividad física diaria en la escuela puede significar un beneficio hasta en un 70% de los niños con déficit de atención e hiperactividad.