¿Qué efectos tendría la dramatización de los cultores del vallenato?

Agotada la agenda de los narcos en los seriados, la riqueza del folclor vallenato se ha convertido en una mina económica para los libretistas y canales de televisión. En cambio, para el folclor como elemento cultural, no creo tenga algún agregado de fomento y calidad, ni para intérpretes ni para compositores, incluso para el auditorio, desde el más culto hasta el profano en la materia; creo que no pasaremos de la lúdica. Quizás poco podamos recoger de seriados como Escalona, Diomedes Díaz y otros realizados, ni de los que en estos momentos se presentan en Caracol TV.

La vida de nuestros exponentes musicales, que es totalmente pública, la conocemos en su integridad, esa es su historia; pero una vez estas vidas son dramatizadas, ya dejan de ser historia y entramos a depender de libretistas y guionistas que nos muestran otro mundo en el cual los verdaderos valores de los suplantados se deforman o se pierden. Aquí vale la pena parodiar al maestro Dagoberto López cuando dijo: “canción que se grava, es canción que se muere”.

Los dramatizados podrán contribuir a la emoción y al rating, pero diluyen la magnitud del modelo escogido; en nada contribuyen al fortalecimiento del folclor, los procesos culturales se mueven solos, no necesitan liderazgos; los copleros de España y los nibelungos de Alemania u otros, de origen popular, crearon sus escuelas de versos sin mecenas; nuestros cantos de vaquería surgieron solos y los precursores del “vallenato” eran campesinos; los repentistas nuestros, de cuatro y diez palabras, surgieron antes que la TV, igual que los trovadores paisas; los grandes genios de la música clásica, si bien algunos tuvieron mecenas, estos estuvieron más por sus egos que por los protegidos cuyos talentos estaban ahí y de todas maneras habrían perdurado. Igual puede decirse de los pintores de la edad media y de otras épocas. El arte es autónomo y se expande como el viento. Las grandes figuras del “vallenato” se dieron mucho antes que los dramatizaran y que apareciera el FFLV; no se conoce ningún folclorista que haya sido promovido al estrellato por este ente, aunque quizás esta no sea su misión. Por su puesto, tiene sus méritos, más comerciales que artísticos.

Para darle vida y continuidad a la música “vallenata” es preferible construir una verdadera literatura sobre ella, clasificar a sus autores y multiplicadores en categorías, ya por su estilo, ya por sus temáticas y mensajes, ya por su aporte literario y musical. La labor de ‘El Turco’ Gil y otras similares valen más que cientos de festivales; sin un semillero, la simiente morirá. El ocaso de los festivales de Viña del Mar y San Remo, para mencionar algunos, quizás no se deba a una mala administración sino a la ausencia de una matriz folclórica. Sé que muchos vallenatos gozan con estos seriados, creen en su discurso, son una diversión y no los criticamos porque son preferibles a una tragedia como las que vemos cada día en este país; más, si una diversión distorsiona la realidad, puede convertirse en una tragedia.

Creo que deberíamos pasar de lo anecdótico y de lo lúdico, a desarrollar la verdadera cultura de la investigación sociológica sobre el folclor vallenato, el cual tiene más preguntas que respuestas; a este hay que quitarle lo mítico que es irracional. Aquí, muchos han escrito textos sobre personajes y cultura “vallenata”, pero no van más allá de lo descriptivo y eso lo hace cualquiera, como le dijo Emiliano a Toño, aunque estimo que quienes lo han hecho podrían profundizar.

Existen más preguntas que respuestas: ¿Cómo se dio el proceso para cultivar cuatro aires vallenatos? ¿Por qué el vallenato incipiente no se dejó sacar por la música mexicana y por el porro sabanero que copaban todas las festividades? ¿Se originaría el son en El Paso y no en Cuba como sugiere el maestro Beto Murgas? ¿Por qué en algunos lugares de la vieja provincia de Padilla y Valledupar no han surgido valores musicales y sí en otros?

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Por Luis Napoleón de Armas P.