El día que ‘Colacho’ desatendió a los presidentes

Conocí a ‘Colacho’ Mendoza cuando yo era un pelao (16 años), estudiaba bachillerato en el Liceo Celedón en Santa Marta. Esa noche estaban de parranda en casa de Luis Enrique Martínez, en pleno centro de la ciudad, cerca de la Avenida Quinta (Campo Serrano).

Llegué allí acompañado de Francisco Vicent (hoy Ortopedista) y César de León (hoy Arquitecto), preguntamos por Alberto, hijo de Luis Enrique, quien estudiaba con nosotros.

Eché ojo para la sala, semioscura, vi a ‘Colacho’ tocando acordeón y cantaban a dúo dos señores de estatura alta, corpulentos, ambos con una incipiente calvicie en la frente, luego supe que eran Luis Enrique Martínez y Dagoberto López Mieles, con ellos estaban ocho personas más.

Esperé que terminara el toque y entré a saludar a ‘Colacho’ y me le presenté. Vicent y César se sorprendieron. Después les conté que ‘Colacho’ era mi tío político, porque su esposa Fanny Zuleta era hermana de mi mamá Dominga Zuleta.

De ahí en adelante, hice buena amistad familiar con ‘Colacho’ y hasta fui su confidente en algunas ocasiones y con él viví momentos asombrosos, como aquella vez, al finalizar un baile, que lo llevé en mi motocicleta FR/80, como parrillero, desde la caseta Aguardiente Antioqueño a su casa en el barrio Obrero (a las 4:00 a.m.). Luego como periodista y vecino hablábamos casi todos los días.

El pasado 27 de septiembre cumplió 14 años de fallecido y con él se fueron tantas grandezas.
En la década 1950–1960, ‘Colacho’ llegó a Valledupar y fue “adoptado” por Roberto Pavajeau Monsalvo y Rita Molina (matrona patillalera). Le dieron un carro marca Willis, modelo 52, que todos le decían ‘El Mocho’, para que repartiera la leche e hiciera las veces de mensajero de la finca Jericó y de la familia.

“Fue una “corbata” que le dio mi papá para mantenerlo ocupado y le pagaba semanal, porque los músicos antes no ganaban dinero en las parrandas”, recuerda Darío Pavajeau Molina.

Darío también me contó que una vez desde Bogotá lo llamaron para que contactara a ‘Colacho’ para una fiesta en Cartagena, en honor a presidentes de Suramérica: Venezuela, Colombia, Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, Guyana y Paraguay.

“Me llamaron para que le dijera a ‘Colacho’ lo del toque. Lo llamé y le manifesté la bonita oportunidad de la parranda y el pago bueno”. Pero Darío quedó de una sola pieza cuando ‘Colacho’ le dijo que no podía ir. “Le pregunte: ¿por qué?”, él contestó: “Ese día no puedo porque tengo un toque con un muchacho que trabaja en Cola Román, ya di mi palabra”.

Darío le reprochó: “Pero cómo vas a despreciar a los presidentes para ir a tocar una parranda a cualquiera”. Pero la respuesta de ‘Colacho’ lo sorprendió: ‘Bueno compadre, a usted le gustaría que yo le hiciera eso”. Según Darío, la contestación fue de tanta grandeza y personalidad que solo atinó a decir: “Te felicito Colacho, eres el hombre más responsable de toda la humanidad, carajo, no cambies”.

En 1969 se presentó al Festival Vallenato y ganó ejecutando con soltura el Son y el Paseo, y fue sencillamente versátil y creativo en la Puya y el Merengue. Sus dedos empezaron a moverse como ‘si tuvieran miel de abeja’, como decía Emiliano Zuleta Baquero, del buen acordeonero. Con su cadencia música, el folclor se había ganado a un creador musical con el acordeón.

Años más tarde ‘Colacho’ se convirtió en el acordeonero de todos los cantantes: grabó con Jorge Oñate, Poncho Zuleta, Diomedes Díaz, Silvio Brito, Alberto Fernández, Carlos Lleras Araujo, Pedro García e Ivo Díaz. En 1987 se coronó primer Rey de Reyes del Festival. Descansa en paz ‘Tíoco’. Hasta la próxima semana.

Por Aquilino Cotes Zuleta

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