COLUMNA

Crispín Villazón de Armas

Fue un excepcional humanista, pacifista y extraordinario demócrata. Descolló con altura desmedida desde sus años mozos al ser Presidente de la Federación Nacional de Estudiantes. Desde allí ilumino con sus ideas políticas de avanzadas el movimiento estudiantil en contra de la dictadura de Rojas Pinilla. Por cuyas venas circuló febrilmente la vocación al servicio de […]

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Fue un excepcional humanista, pacifista y extraordinario demócrata. Descolló con altura desmedida desde sus años mozos al ser Presidente de la Federación Nacional de Estudiantes. Desde allí ilumino con sus ideas políticas de avanzadas el movimiento estudiantil en contra de la dictadura de Rojas Pinilla.

Por cuyas venas circuló febrilmente la vocación al servicio de su terruño y la pasión por sus ideas. El verbo lo hizo carne; así libró las más duras batallas cuando lideró la creación del departamento del Cesar, siendo Presidente del Comité Procreación de este ente territorial. Sus sueños políticos los materializó cuando irrumpió en las contiendas electorales en compañía de José Antonio Murgas y Clemente Quintero Araujo en contra del poder omnímodo y cerrado y derrotando al invencible de la época, el otrora Gigante Caracolí.
Durante su elección como senador de la República se distinguió como el más brillante defensor de la ley de Reforma agraria y luego logró alcanzar la máxima cima de un político al ser exaltado a la condición de Ministro del Trabajo durante la administración de Pastrana Borrero.

En Valledupar erigió como legado el Seguro Social y la obra la Clínica Ana María, que tantos beneficios le irrigó a sectores desvalidos de nuestra sociedad, como la inauguración del Sena agropecuario.
Ha finiquitado su vida terrenal conquistando todas las barreras y ha dejado un legado de obras con dignidad, pulcritud y decoro que se erige hoy como orgullo para todos los cesarenses y un estandarte paradigmático para las futuras generaciones.
“Una fe sin obras es una fe muerta”. Aquí está Corfimujer como notario de su fe y testimonio vivo de sus obras. Así “ha alcanzado la vida eterna, aquella que no tiene obstáculos, aquella que no tiene límites”, porque ha traspasado todas las barreras.

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