Crisis de los sistemas políticos

Parece que las sociedades del mundo no han encontrado la mejor manera de gobernarse; han ensayado imperios, monarquías y modalidades como las dictaduras personales. Ninguno de estos sistemas de manejar el poder, pese a ensayos muy prolongados en algunas de estas, ha sido capaz de resolver satisfactoriamente los problemas de los respectivos pueblos; siempre han beneficiado a un limitado grupo de personas.

Los primeros intentos de establecer una democracia se dieron en Grecia pero sucumbieron frente a los conatos imperialistas de Esparta y Atenas; la revolución francesa logró rescatar los principios de democracia que legó al mundo, nicho en cual surgió el capitalismo que ha mantenido su fachada democratera, privilegiando no a la sociedad sino al individuo acumulador de riquezas, egoísta y distorsionador de valores que engendró la sociedad basura que tenemos. A partir de la revolución bolchevique, el mundo conoció otro sistema de gobierno estatista que, si bien destruyó una monarquía feudal como era la rusa, con el tiempo terminó ejerciendo las prácticas corruptas del sistema defenestrado.

El socialismo estatizado de la URSS, extremó tanto sus procedimientos que terminó por donde había transitado la monarquía. La URSS se cerró a los mercados, contrariando principios básicos en el sentido de que, según la termodinámica, ningún sistema cerrado funciona; pero también el capitalismo, con EE. UU a la cabeza, quiere cerrar las fronteras del mercado contrariando su regla de oro, la del libre mercado; mientras tanto, los problemas de la humanidad continúan insolubles: empleo, salud, educación, vivienda, bienestar.

Los teóricos del neoliberalismo fueron víctimas de su propio invento; ya Marx lo había anunciado: “El capitalismo hará su propia sepultura.” Tenemos que aprender esta lección porque en materia económica y formas de conducir a una nación, no se ha dicho la última palabra, no existen verdades absolutas, lo que hay son intereses privados. ¿Qué le conviene a Colombia? Hay que repensarla escuchando a todos sin tener que matarlos.

Nuestro primer diagnóstico es que somos un país de intolerancia rayana; no aceptamos las tesis del contrario. Ya no basta ganar electoralmente, ahora se le declara la muerte física al perdedor; cada tercer día es eliminado un adversario, llámese reclamador de tierras, líder social, seguidor de Petro o simple contestatario. ¿Por qué le temen a las ideas y porqué aterrorizar a la gente? Transitamos por la vía de las cavernas más oscurantistas, ya no más miedo. Ya competimos con Venezuela.

Luis Napoleón de Armas P.